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1-03-1993  Boletín CICR No 206 por François Rueff
El CICR y el respeto del medio ambiente

Cada día se deteriora un poco más la situación económica en la mayoría de los países en vías de desarrollo. Este empeoramiento es aún mayor en los que padecen, además, los estragos de conflictos. La población carece en muchos casos de víveres, agua, vivienda, calefacción, asistencia médica, etc... El CICR, mediante sus acciones de socorro, procura paliar algunas de estas carencias. También se ve confrontado con los problemas de la degradación del medio ambiente natural, como la deforestación y la desertización.
La preservación del medio ambiente es un importante factor que hay que tener en cuenta si deseamos ayudar verdaderamente a las víctimas de conflictos o de catástrofes naturales. De hecho, uno de los peligros de la asistencia humanitaria radica en los efectos negativos que ésta puede acarrear para los socorridos: acostumbramiento a recibir con regularidad asistencia y dependencia de ésta, así como abandono de la propia suerte en manos de otros. La degradación del medio ambiente forma evidentemente parte de estos efectos negativos; incumbe, pues, a las organizaciones humanitarias velar por que la asistencia proporcionada utilice al máximo los recursos locales y cause un mínimo de perjuicios al medio ambiente.

Para ello, el CICR ha estudiado diversas soluciones originales. Una de las preocupaciones del CICR es el consumo de energía. En la mayoría de los países donde trabaja el CICR, la fuente de energía utilizada para la cocina y la calefacción sigue siendo la leña, cuyo desmesurado consumo contribuye a la deforestación y a la desertización. Así pues, había que buscar medios para cocinar y/o calentarse que permitan limitar el consumo de leña, que puedan fabricarse localmente con los materiales disponibles y que sean de fácil manejo, así como de uso aceptable para los destinatarios.

Paralelamente, la evolución de la situación en Somalia, con su cortejo de inseguridad, de pillajes casi sistemáticos de los convoyes de ayuda humanitaria y de falta de garantías de que los víveres lleguen verdaderamente a los auténticos necesitados, indujo al CICR a pensar que el único medio, a corto y a mediano plazo, para alimentar a tantas personas hambrientas era emprender un programa de cocinas comunitarias. Miembros de la Media Luna Roja Somalí preparan en la mayoría de ellas la comida, que distribuyen después a los beneficiarios bajo la supervisión del CICR.

Se planteó entonces el problema de hallar fuentes de energía suficientes para hacer funcionar esas cocinas sin utilizar los pocos

árboles que quedan en esas regiones. Así pues, el CICR contacté a varios expertos, en particular del Instituto REDI, con sede en Ginebra y especializados en el desarrollo de energías renovables, para informarse de las posibles alternativas técnicas.

Resulté muy útil la experiencia de los expertos de REDI en el desarrollo de hornos y fogones de gran eficacia, pero que consumen poca energía. Se construyeron varios prototipos, que se ensayaron en presencia de especialistas del CICR.

Al mismo tiempo, se hicieron algunas pruebas sobre el terreno, en campamentos de personas desplazadas, a fin de estudiar la adaptación técnica y la aceptancia social de los diferentes prototipos. Los problemas de la ergonomía, los diversos combustibles disponibles, la rapidez de cocción, etc..., son efectivamente aspectos prácticos importantes que requieren pruebas en condiciones reates.

Gracias a los consejos técnicos del señor Waclaw Micuta, del Instituto REDI, y a las experiencias sobre el terreno, pudieron hallarse varias soluciones técnicas. Algunas están más adaptadas al medio rural ya los campamentos de refugiados en los pueblos; otras, a las concentraciones de personas desplazadas en zonas urbanas.

De este modo, ya se han logrado considerables economías de leña. Sin duda alguna, las enseñanzas extraídas de este estudio serán muy útiles en otros lugares, especialmente en Africa y Asia, donde las situaciones conflictivas y la superpoblación agravan la degradación del medio ambiente.

Un modelo de fogón REDI ha podido también utilizarse en el marco de nuestra acción asistencial en ex Yugoslavia. Efectivamente, cuando las numerosas personas desplazadas a raíz de este conflicto regresan a sus lugares de origen, encuentran con frecuencia sus viviendas devastadas o destruidas. En previsión del riguroso invierno que suele haber en esas regiones, el CICR decidió incluir en su programa de ayuda «artículos de invierno» un tipo de fogones que sirve principalmente como sistema de calefacción -ya que las más de las víctimas carece de medios de calefacción-, aunque también puede usarse para cocinar. Este modelo, distinto del utilizado en Somalia, funciona tanto con leña como con carbón, pero, al igual que los hornillos utilizados en Somalia, se fabrica con materiales disponibles localmente. Son de sencilla utilización, de costo mínimo y de consumo de combustible netamente inferior a la media. Con fondos de la Comunidad Europea y del Gobierno británico, empresas de Zagreb fabricaron 15.000 fogones de este tipo, que después se distribuyeron a familias, colegios, instituciones y hospitales.


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François Rueff es jefe de la Unidad Técnica de la División de Socorros del CICR.

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