|
|||||||||||||||||||||
10-05-2002 Alocución del CICR en el 27º período extraordinario de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas en favor de la infancia Nueva York, 8-10 de mayo de 2002 Delegación del CICR ante las Naciones Unidas Alocución del señor Jean de Courten, vicepresidente del CICR, Nueva York, 10 de mayo de 2002
Señor presidente: El Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) agradece que le den la oportunidad de tomar la palabra en el marco de este importante encuentro internacional. La Institución desea vehementemente que en este período extraordinario de sesiones los Estados puedan tomar medidas enérgicas y concretas para mejorar de forma eficaz la suerte que corren los niños en el mundo. Por su parte, está decidido a proseguir con ahínco su acción humanitaria, cuya realización redunda en beneficio de un gran número de niños. La Declaración y el Plan de Acción dedican un lugar importante a la protección de los niños en las situaciones de conflicto armado, y con razón. En efecto, la guerra es un gran obstáculo para la realización de todo lo que la comunidad internacional se propone hacer en este documento final. Significa inseguridad y peligro, así como graves carencias para muchísimos niños. Cubrir sus necesidades es especialmente difícil y requiere ingentes esfuerzos. Desde hace muchos años, el CICR se esfuerza por darles ayuda, sea mediante las actividades que despliega en favor de la población civil en general, sea mediante acciones específicamente destinadas a los niños. De hecho, la experiencia muestra que prestar protección y asistencia a las comunidades es, a menudo, el mejor modo de velar por la seguridad y la salud física y mental de los niños. El CICR lo hace mediando ante las partes en conflicto en favor de los civiles y las personas detenidas, así como realizando su labor en los ámbitos nutricional, sanitario, médico y ortopédico. Además, presta especial atención al problema de los niños no acompañados, dándoles la posibilidad de mantenerse en contacto con sus familiares, mediante el intercambio de mensajes, buscando a sus parientes y, cuando es posible, reuniéndolos con ellos. Señor presidente: El Comité tampoco cejará en sus esfuerzos en el ámbito normativo. A ese respecto, cabe destacar que el actual régimen jurídico ya ofrece una sustancial protección a los niños. Pero, es menester que se apliquen esas normas. He ahí una responsabilidad que incumbe, en primer lugar, a los Estados. Para que se respete el derecho internacional humanitario, los Estados deben, entre otras cosas, dar a conocer las normas en vigor a las miembros de las fuerzas armadas y, en lo posible, a toda la población. Para ello, el CICR colabora activamente con los Estados realizando actividades de formación y difusión. Asimismo, está a disposición de los Estados para asesorarles en la elaboración de leyes nacionales relativas a la aplicación del derecho humanitario. Entre los recientes logros en el plano jurídico, cabe congratularse por la aprobación de los Protocolos facultativos a la Convención sobre los Derechos del Niño. En ellos se destacan dos riesgos especialmente graves que corren los niños, a saber, la explotación sexual y la participación en las hostilidades. Para evitarlos, es necesario, no sólo tomar medidas represivas, sino también apoyar, o incluso reconstituir, el marco social y familiar de los niños. Éste es, precisamente, un importante elemento para una rehabilitación satisfactoria. En el caso de los niños soldados, esta tarea puede ser bastante difícil, debido, en particular, a los traumas vividos durante los combates, a la ausencia de educación, a la ruptura con el medio familiar, o a la destrucción material y social. A fin de que los niños traumatizados por la violencia cuenten con un apoyo duradero, varias Sociedades Nacionales de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja han desarrollado, con ayuda de su Federación Internacional y del CICR, programas de rehabilitación psicológica y social. Señor presidente: Lo que precede sólo es, desafortunadamente, parte del problema. Mientras estamos reunidos aquí, se envía a niños a participar en combates y otros son mutilados por las minas; otros son torturados, violados o encarcelados y otros se ven abandonados, desarraigados y condenados a morir de hambre y de enfermedad. No olvidemos que es en favor suyo que hemos de actuar sin más demoras. Gracias, señor presidente. |