El 27 de marzo de 2003, en Afganistán, Ricardo Munguía (39), ingeniero hidráulico del CICR, fue blanco de disparos mortales. Familiares, amigos y colegas le rindieron homenaje en un acto celebrado en Ginebra, el día 2 de abril, que el CICR declaró día de luto.
(Véase comunicado de prensa del CICR 03/23 del 27 de marzo de 2003)
Ricardo "habría preferido las risas a las lágrimas" dijo el presidente del CICR, Jakob Kellenberger. Como voluntario de la Cruz Roja trabajó durante "los peores años de la guerra" en El Salvador, su país natal. Después, trabajó como ingeniero hidráulico del CICR y "dejaba un magnífico recuerdo, tanto entre las personas a las que asistía como entre sus compañeros de trabajo. Procedente de un país en guerra, comprendía mejor que nadie la tristeza de los que le rodeaban". El señor Kellenberger dijo que la muerte de Ricardo se añade a la larga lista fúnebre de hombres y mujeres del CICR y de otras organizaciones humanitarias, víctimas de agresiones deliberadas..."
En un mensaje procedente de San Salvador, la familia de Ricardo declaró "que hace falta mucho que hacer para la convivencia y la paz mundial"). Su madre, hermanos y hermanas, sobrinas y sobrinos manifestaron que el delegado asesinado "siempre fue ejemplo de entrega sin egoísmos. Su experiencia de la guerra en su país natal (se hizo voluntario de la Cruz Roja a los 19 años) le dejaron una huella profunda, que lo indujo a anhelar una carrera en la Cruz Roja prestando servicios a nivel internacional. Hizo realidad este sueño, llegando a ser el único salvadoreño que haya trabajado para el CICR en tantos lugares (misiones en Colombia, Congo, Angola).
El señor Kamel Morjane, alto comisionado adjunto para los refugiados, puso de relieve la pena compartida por sus colegas del ACNUR declaró que con esto "es blanco de ataque directo... toda la familia humanitaria". Dijo que una manera simplista de ver las cosas sería decir que Ricardo había estado "en el lugar errado en un momento errado". Pero, añadió "todos estamos en el lugar errado en un momento errado. El señor Morjane reflexionó sobre la ironía de que uno de sus asesinos quizás haya sido asistido en un hospital administrado por el CICR, y haya bebido agua de una fuente reparada por el ingeniero muerto.
Los colegas de Ricardo en Afganistán lo recordarán como alguien que se preocupaba ante todo por los demás; su primera pregunta era: "¿qué tal?, ¿has dormido bien? Aunque desempeñaba su trabajo con estricta seriedad, le gustaba divertirse en sus ratos de ocio. A veces, se le ocurrían ideas como enseñar a bailar la salsa a todos en Afganistán (esfuerzo que le acarreó un tobillo torcido y unos días de reposo forzado). Dos de sus colegas más cercanos, señores Shir Shah, ingeniero hidráulico, y William Hemens, traductor, le rindieron un homenaje personal y conmovedor.
El enviado de Afganistán ante las Naciones Unidas en Ginebra, el señor embajador Kazemi, habló de la profunda consternación que tuvo cuando le informaron de este homicidio. "Era un representante de una organización que presta servicios a nuestro país desde hace más de 20 años". El embajador expresó las disculpas que pide su Gobierno por este "acto de locura cometido contra el que auxilia".
Para Yves Etienne, jefe de la División de Asistencia, que también es ingeniero hidráulico, el CICR pierde no sólo a un amigo en esta tragedia, sino también a un profesional excelente. Añadió que la gran fuerza de Ricardo "residía en aliar pertinentemente sus competencias profesionales a sus cualidades humanas, lo que viene a ser la verdadera alquimia de un trabajo humanitario de calidad.
Pero quizás las palabras de una amiga, Sandra, condensan la emoción: "sean valientes - es la mejor manera de rendirle homenaje".