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3-12-2003 Declaración oficial Discurso de apertura del Sr. Juan Manuel Suárez del Toro, Presidente de la Federación Internacional
de Sociedades de la Cruz Roja y la Media Luna Roja XXVIII Conferencia Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, Ginebra, 2 al 6 de diciembre de 2003 Señor Presidente, Distinguidos representantes, Amigos de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, Invitados y observadores
Hoy hablo en nombre de nuestras 181 Sociedades Nacionales de todo el mundo que constituyen la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja. Hablo también en nombre de los millones de voluntarios y miembros que cada día trabajan con gran generosidad para proteger las vidas, los medios de sustento y la dignidad de las personas vulnerables dondequiera que se encuentren. Ellos son indispensables en nuestro empeño por construir un mundo mejor. Por ello, considero que es un honor y una responsabilidad hablar hoy ante ustedes. Espero poder transmitir claramente el fuerte sentimiento de solidaridad y unión que existe entre los miembros de la Federación Internacional en nuestro compromiso colectivo con el tema de esta conferencia: “Proteger la dignidad humana”.
Proteger la dignidad humana es proteger cada una de las capacidades del ser humano, de manera que permitamos que no sólo sea posible desplegar dichas capacidades, sino que puedan alcanzar el nivel más elevado de desarrollo. En este sentido proteger la dignidad humana supone el proyecto de dignificar la vida del ser humano, de hacerla más digna para permitir a cada persona desarrollar su vida en plenitud.
Esto supone que ninguno de nosotros es ni más ni menos que otro ser humano, porque nuestra dignidad es igual. La protección de la dignidad humana debe realizarse de manera que la protección no ponga a los demás en situaciones de indignidad o dependencia. Es necesario, evolucionar y no limitarnos a la mera protección sino pasar a la promoción de la dignidad humana.
En nuestra Asamblea General que acaba de llegar a su fin, tuvimos la alegría de acoger a tres nuevas Sociedades Nacionales: las de las Cruz Roja de las Islas Cook, la Media Luna Roja de Kazajstán y la Cruz Roja de Micronesia. También hemos tenido el agrado de contar con la participación de aquellas Sociedades Nacionales que aún no han sido reconocidas, y esperamos ansiosamente el día en que podamos darles la bienvenida como miembros de pleno derecho de la Federación.
La Federación Internacional y sus Sociedades Nacionales miembros, junto con el CICR, están en la vanguardia cuando se trata de defender la dignidad humana. En los lugares más remotos, donde hay dolor y sufrimiento, llevamos ayuda para aliviarlos. Donde hay discordia y desesperación, restablecemos la esperanza. Denunciamos la injusticia, la discriminación, la intolerancia y el odio, y abogamos en favor de las personas vulnerables, marginadas y olvidadas. Cada año, nuestros esfuerzos de sensibilización y nuestras acciones benefician a millones de personas.
Son precisamente las personas vulnerables, marginadas, heridas, olvidadas y desaparecidas –todos aquellos cuya dignidad se ve amenazada– la razón por la cual estamos hoy aquí. Y son sus voces las que tienen que ser escuchadas en una Conferencia como ésta. Por ello, cuando hablamos de proteger la dignidad humana, nos referimos directamente a esas personas y no a conceptos abstractos.
No cabe duda de que el entorno de la labor humanitaria se ha modificado radicalmente en los últimos años. Todos nos hemos sentido sacudidos por los acontecimientos y ataques en diversos lugares del mundo. Por lo que nos toca a nosotros, en la Cruz Roja y la Media Luna Roja, nos causa particular alarma la forma en que se ha erosionado el respeto por nuestro trabajo neutral e imparcial para aliviar el sufrimiento humano, y la creciente inseguridad que deben afrontar los trabajadores humanitarios, especialmente los voluntarios, que no cuentan con más protección que el emblema.
Uno de los fenómenos más preocupantes que hemos observado en los últimos años es la politización de la ayuda humanitaria. Con mucha frecuencia, la asistencia humanitaria está condicionada por la atención de los medios de comunicación o por circunstancias políticas, más bien que por la vulnerabilidad o la necesidad de las personas. Es preciso que volvamos a centrarnos en el imperativo humanitario de prestar asistencia a quienes más lo necesitan, de manera neutral e imparcial, sin discriminación alguna. Esto debe pasar por delante de cualquier otra consideración.
No podemos ignorar que hay otros factores que amenazan la dignidad humana, y que no atraen la atención de los medios de comunicación ni de los gobiernos. No me refiero solo a los conflictos olvidados, sino también a las situaciones que amenazan día a día la vida, los medios de subsistencia y la dignidad de millones de personas. Son los desastres olvidados de todos los días, como la pobreza y la injusticia que sufren millones de personas, o la intolerancia y la discriminación de la que son víctimas muchos grupos e individuos, y que contribuyen a aumentar su vulnerabilidad y amenazan su dignidad.
Entre los factores más graves y extendidos que amenazan la dignidad humana se cuentan los desastres y las enfermedades, que cada año se cobran la vida de millones de personas. Los desastres y las enfermedades no sólo destruyen vidas, sino que aumentan la vulnerabilidad de poblaciones enteras, ya que socavan los progresos del desarrollo, desintegran las estructuras sociales y reducen la capacidad de las comunidades para afrontar las crisis. Éstos son ámbitos en los que la Federación Internacional y sus Sociedades Nacionales miembros han demostrado su compromiso para la acción, y que desearíamos destacar durante esta Conferencia Internacional.
Las consecuencias de los desastres y las enfermedades recaen de manera desproporcionada en los que están menos preparados para afrontarlas: los pobres, los marginados y excluidos de la sociedad, como las minorías, los inmigrantes, los refugiados. Esta situación se ve aún más exacerbada por políticas y prácticas discriminatorias que excluyen a esos grupos vulnerables de igual acceso a servicios y limitan los mecanismos de información y toma de decisiones que podrían proteger sus vidas, medios de sustento y dignidad.
Hace dos días hemos celebrado el Día Mundial del SIDA, volviendo a recordar que el VIH/SIDA es uno de los mayores problemas humanitarios que se nos presentan hoy. Actualmente todos sabemos que el creciente impacto de esta pandemia en todo el mundo está destrozando comunidades, familias e individuos. Sabemos que este impacto se ve agravado por la compleja interacción entre el VIH/SIDA y otros problemas. Y sabemos también que para preservar la dignidad de las personas que viven con VIH y SIDA y ayudar a sus comunidades es esencial darles acceso a cuidados y tratamiento.
Sin embargo, pese a que sabemos todo eso, nuestra respuesta se ha quedado muy atrás. Los fondos asignados a la lucha contra el VIH/SIDA son totalmente insuficientes. Sólo una mínima parte de los millones de personas que necesitan tratamiento antirretrovírico tiene acceso a él. Se cuestiona la validez de métodos de eficacia comprobada para reducir la propagación del VIH/SIDA. Por último, la ignorancia, el estigma, la discriminación y la actitud de la sociedad siguen minando nuestros esfuerzos por llegar hasta las personas que más necesitan nuestra ayuda.
Dentro de la Cruz Roja y la Media Luna Roja hemos tenido que luchar con la realidad del VIH/SIDA y su impacto en nuestro personal y nuestros voluntarios. Hemos aprendido a afrontar nuestros propios temores y actitudes para hacer de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja un lugar más acogedor para quienes viven con el VIH y SIDA. Hemos incrementado nuestros esfuerzos para combatir el estigma y la discriminación al que se ven sujetos las personas que viven con VIH y SIDA, y para apoyar programas de prevención y asistencia, y estamos buscando activamente medios para apoyar el acceso al tratamiento.
Nuestros programas benefician a millones de personas, pero no es suficiente. Tenemos que hacer más. Y debemos cooperar con gobiernos, sociedad civil, grupos de personas que viven con VIH y SIDA y otras organizaciones, a fin de que nuestros esfuerzos logren su objetivo.
Tampoco podemos ignorar el impacto de los desastres y la amenaza que éstos representan para la dignidad de las personas. En las últimas décadas, el número de personas afectadas por los desastres se ha elevado drásticamente. Los desastres destruyen la capacidad de recuperación de comunidades e individuos y los mecanismos a los que recurren para afrontar los desastres; también neutralizan los esfuerzos por reducir la pobreza y mejorar la calidad de vida. Las causas de los desastres son múltiples, incluyendo, por ejemplo, el cambio climático y la creciente ocurrencia de fenómenos meteorológicos extremos; sin embargo, mitigar el impacto de los desastres depende en buena medida de cómo nosotros - los Gobiernos y las Sociedades Nacionales de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja- junto con las comunidades, cooperamos en la preparación y en la respuesta a situaciones de desastre.
Con demasiada frecuencia, los efectos de los desastres son aún más graves debido a la falta de planificación, al deterioro del medio ambiente, y a mecanismos de intervención inadecuados. De ahí que la reducción de los riesgos vinculados a las situaciones de desastre sea una cuestión decisiva para prevenir y evitar las condiciones que hacen que las comunidades sean vulnerables. Y lo que es también muy importante, es que al mismo tiempo debemos tener la capacidad necesaria para intervenir de forma eficaz cuando se producen los desastres. Y tras éstos, es necesario velar por que la cuestión de la reducción de los riesgos sea integrada en la planificación del desarrollo. En estos ámbitos las Sociedades Nacionales y la Federación Internacional pueden aportar su valiosa experiencia y conocimientos.
Un ámbito clave que requiere mayor atención es el de las políticas, las leyes y los procedimientos en relación con la intervención en situaciones de desastre. Hace mucho que sabemos que una intervención rápida y eficaz a nivel local es fundamental a la hora de salvar vidas humanas. Pero cuando un desastre supera la capacidad de respuesta a nivel local, suele ser muy necesario movilizar los recursos de la comunidad internacional.
Y a veces, precisamente la normativa existente actúa como barrera y obstáculo para una acción coordinada y eficaz. Así pues, creemos que los Gobiernos y las Sociedades nacionales de la Cruz Roja y la Media Luna Roja tienen que trabajar juntos en la tarea de examinar las leyes relativas a la respuesta internacional en casos de desastre, para determinar las lagunas y los puntos débiles, y tratar de encontrar soluciones pertinentes. Se trata aquí de determinar, dar a conocer, y aplicar los marcos jurídicos vigentes de forma más eficaz a fin de salvar vidas y reducir al mínimo los efectos de los desastres, particularmente para quienes cuentan con pocos recursos y medios de recuperación.
Señor Presidente:
Estas amenazas a la dignidad humana no son algo nuevo. Sabemos lo que significa la vulnerabilidad causada por los desastres, las enfermedades, y por los conflictos, y sabemos que una inversión, aun pequeña puede dar grandes beneficios en términos de protección de la dignidad humana. Así pues, ¿cómo hemos de responder a estas amenazas? ¿Qué significa concretamente proteger la dignidad humana? Lo que proponemos no es teórico sino fruto de nuestra experiencia.
El primer paso es fortalecer la capacidad de las personas, las familias y las comunidades para que puedan hacer frente a situaciones de vulnerabilidad. Necesitamos trabajar en más estrecho contacto con las comunidades vulnerables, y apoyarlas a fin de lograr soluciones a largo plazo, con el máximo respeto a su cultura, sus esperanzas y sus aspiraciones.
El fortalecimiento de la capacidad de las organizaciones de la sociedad civil también es fundamental. La gravedad de los problemas humanitarios causados por los conflictos, los desastres y las enfermedades supera lo que los Gobiernos pueden hacer solos. Los Gobiernos tienen que trabajar en colaboración con las organizaciones de la sociedad civil y las comunidades, para fortalecer su capacidad y reducir su vulnerabilidad.
A este respecto, deseo poner de relieve la importancia de que los Gobiernos apoyen más la labor del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja. La índole y la condiciones singulares de la colaboración entre las Sociedades nacionales de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja y los Gobiernos, junto con el alcance mundial y las amplias perspectivas que ofrecen la Federación Internacional y el CICR hacen que ésta sea una alianza pujante, con un potencial enorme para hacer frente a los principales problemas humanitarios que se nos plantean.
Necesitamos que los Gobiernos entiendan mejor lo que hacemos, así como los Principios Fundamentales a los que nos adherimos como Movimiento. Esto significa comprender que, aunque trabajemos con los gobiernos como entusiastas colaboradores en los esfuerzos para hacer frente a los problemas humanitarios actuales, tenemos que mantener en todo momento nuestra independencia, neutralidad y autonomía. Deseo señalar a la atención de ustedes el informe sobre “Las Sociedades Nacionales de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja como auxiliares de los poderes públicos en el ámbito humanitario” que ha sido preparado por la Federación Internacional para esta Conferencia. En este informe se destacan varios aspectos que necesitan una mayor atención para fomentar una relación de respeto mutuo entre los Gobiernos y las Sociedades Nacionales. Espero que podamos examinar estas cuestiones durante y después de la Conferencia.
Deseo mencionar en particular el importante papel de los voluntarios en nuestras actividades para proteger la dignidad humana. El servicio voluntario es uno de los Principios y valores básicos de nuestro Movimiento. Como ya he dicho, los problemas humanitarios que se nos plantean son demasiado grandes para hacerles frente, estando solos. De ahí que necesitemos continuar promoviendo y estimulando el servicio voluntario. Sin voluntarios, no seremos capaces de cumplir lo que tenemos por delante. Debemos ser conscientes de que sin ellos, no podremos influir en la ingente tarea de proteger la dignidad humana.
Al tiempo que confiamos en los voluntarios para llevar a cabo nuestras actividades, debemos saber valorarlos y estar agradecidos por su trabajo desinteresado. Es necesario invertir en formación y en recursos para apoyar a los voluntarios. Los Gobiernos pueden ayudar prestando apoyo a las Sociedades Nacionales, creando un entorno estimulante para el servicio voluntario. Otra forma de colaboración sería reconocer y afirmar las valiosas contribuciones aportadas por las Sociedades Nacionales de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja y por las organizaciones voluntarias en general.
Por último, nuestros esfuerzos para proteger la dignidad humana dependen no sólo de nuestra acción, sino también de los esfuerzos de sensibilización. La dignidad humana comienza con el respeto de la persona, y con la capacidad de compasión y de empatía con todos aquellos cuya dignidad está en peligro. Requiere que emprendamos esfuerzos para crear conciencia acerca de las amenazas que se ciernen sobre la dignidad humana y promover el compromiso de todos de fomentar la tolerancia, el respeto a la diversidad, el mutuo entendimiento y una cultura de paz.
Señor Presidente:
Proteger la dignidad humana significa tomar medidas para permitir que las comunidades, las familias y las personas sean más fuertes, disfruten de una vida más productiva y plena, y sean menos vulnerables. Significa dar medios a los sectores vulnerables de la población para que puedan reducir los riesgos y su vulnerabilidad ante los desastres y las enfermedades, así como fortalecer su capacidad de hacer frente y responder a las situaciones que amenazan sus vidas, su sustento y su dignidad. Significa hacer que las personas vulnerables puedan hacer oír su voz y participen en la toma de decisiones que las afectan y que afectan a su dignidad.
También es necesario que los gobiernos den testimonio de su compromiso con el respeto a la dignidad humana estableciendo y fortaleciendo las políticas, las leyes y las prácticas que protegen la dignidad de la persona, y garantizan el acceso justo y equitativo a los programas y a los servicios de apoyo a todos los que los necesitan, independientemente de su condición o de las circunstancias.
Además, es necesario que los gobiernos y los integrantes del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja movilicen a la sociedad civil, a las empresas, y a otros sectores para trabajar en alianzas solidarias con las comunidades vulnerables, y sepan escuchar su voz y sus preocupaciones, y encontrar soluciones duraderas para los problemas humanitarios con que nos enfrentamos.
Los problemas para proteger la dignidad humana son enormes, e incluso abrumadores. Pero no son insuperables. Juntos podemos construir un mundo mejor, avanzar hacia ese objetivo. Podemos buscar inspiración en el fundador del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y la Media Luna Roja, Henry Dunant, que supo movilizar el apoyo de la comunidad y de los Estados a fin de alcanzar los nobles objetivos humanitarios. Este es el ejemplo que debemos seguir.
Señor Presidente;
No debemos olvidar que el rostro humano de desesperación puede llegar a ser un rostro humano de esperanza y dignidad. Nuestra voluntad, nuestra determinación y nuestro compromiso pueden lograr que esta situación cambie. Este es el desafío que tenemos por delante en esta Conferencia Internacional: adoptar medidas significativas que permitan proteger la dignidad humana, y hacer que haya un cambio real y duradero en las vidas de las personas vulnerables en todas las partes del mundo.
Muchas gracias. |