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6-12-2003    
Retos operacionales en la realización de actividades humanitarias en un entorno cambiante - Informe sobre el Taller 11
XXVIII Conferencia Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, Ginebra, 2 al 6 de diciembre de 2003

Este informe no refleja necesariamente el punto de vista del CICR


Organizadores: Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (Federación)

Ponentes: Pierre Krähenbühl, Director de Actividades operacionales, CICR, Abbas Gullet, Director, Departamento de Gestión de Desastres y Coordinación de las Operaciones, Federación

Moderador: Jean-Paul Fallet

Relator: Kalle Löövi

El taller estuvo centrado en el debate sobre los retos que plantea un entorno cambiante para las organizaciones humanitarias en la realización de sus actividades, no sin señalar que el elemento que subyace siempre a dichos retos es la seguridad y el bienestar de la población afectada por las situaciones de urgencia.

Durante los últimos años, especialmente en 2003, el CICR, así como la Federación y las Sociedades Nacionales de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, han afrontado situaciones de nueva índole. Actualmente, hay una polarización del mundo entre, por una parte, los Estados que participan en la “lucha contra el terrorismo” y, por otra, algunos actores radicales no gubernamentales empeñados en enfrentarse a los primeros. Estos actores radicales no rechazan o justifican siquiera métodos no convencionales, incluidos los ataques contra la población civil y blancos desprotegidos, como las organizaciones humanitarias.

En este contexto polarizado, hay una expectativa de que todos los actores, incluidas las organizaciones humanitarias deberían tomar partido: “con nosotros o contra nosotros”. Cada vez hay menos cabida para las actividades humanitarias y neutrales e independientes. Efectivamente, el CICR y otros componentes del Movimiento de la Cruz Roja y Media Luna Roja tropiezan con mayores obstáculos para realizar sus actividades humanitarias de conformidad con los Principios Fundamentales de independencia y neutralidad.

En tanto que la acción emprendida en el ámbito político para afrontar algunas crisis no ha sido suficiente para dar con soluciones tendentes a combatir las causas de dichas crisis, se ha puesto de relieve el cometido de la acción humanitaria, y en algunos Estados y en las Naciones Unidas se ha llegado a pensar que la acción humanitaria podría considerarse, entre las intervenciones políticas, militares y de otro tipo, uno de los instrumentos de gestión de crisis.

Hay un peligro creciente de que algunos grupos radicales rechacen la acción humanitaria, ya que la consideran relacionada con Occidente y sus aliados. Algunos de estos grupos acrecientan deliberadamente el caos y obstaculizan la prestación de ayuda que permitiría salir adelante a la población.
Dado que resulta casi imposible identificar a dichos grupos y, por lo tanto, dialogar con ellos, sólo se pueden barruntar diversos motivos respecto de los ataques contra el CICR y otros actores humanitarios.

El hecho de que los Estados presupongan que la acción humanitaria puede aprovecharse como parte de la campaña contra el terrorismo, también expone a los actores humanitarios a una situación de riesgo. La acción y la presencia militares que pretende ser humanitaria, y cualquier otra actividad que desdibuja la distinción entre las funciones y objetivos de los actores políticos y militares, por una parte, y los actores humanitarios, por otra, generan serios problemas por lo que atañe a la imagen y la realización de las actividades.

La cooperación y la coordinación con las Naciones Unidas contribuyen a mejorar la selección del destino de la asistencia y a utilizar más eficazmente los recursos de ayuda. Las Naciones Unidas tienen un papel dual, ya que aplican sanciones y autorizan acciones militares, a fin de restaurar la paz y el orden, en tanto que sus organismos proporcionan asistencia humanitaria. Es fácil conseguir que las personas conciban que existe un nexo entre la acción militar y la acción humanitaria. Mediante los métodos concretos de cooperación y coordinación con las Naciones Unidas debe evaluarse cada caso por separado; es esencial que las actividades conjuntas contribuyan a la realización de los objetivos humanitarios y a salvaguardar la integridad física y la seguridad del personal de las organizaciones humanitarias.

El Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja exige una acción humanitaria mejor coordinada y bien definida en el mundo entero. Las experiencias y los conceptos que se forjan las personas se transmiten rápidamente y pueden influir en las acciones que lleva a cabo el Movimiento en otras partes del mundo. Es sumamente importante que los Estados autoricen y alienten a las Sociedades Nacionales de sus países a que trabajen de conformidad con los Principios Fundamentales en el ámbito nacional e internacional. Las Sociedades Nacionales deben respetar los acuerdos del Movimiento sobre coordinación, y la integridad y los cometidos de otros componentes del mismo. Las organizaciones del Movimiento deben además velar por que sus campañas para granjearse notoriedad y sus relaciones con los medios no pongan en peligro su integridad. Asimismo, deben efectuar sus acciones en función de las necesidades humanitarias y no de la competencia con otras organizaciones. Se alienta al Movimiento a que aborde estas cuestiones de forma rápida y constructiva.

El personal de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja desempeña su labor entre personas y su reto consiste en satisfacer necesidades reales y proporcionar asistencia cabal mediante la ejecución de programas. Para ello, el cometido de las Sociedades Nacionales y del personal local contribuye en gran medida a estar cercanos a la población y a las víctimas, así como a estar atentos a sus necesidades. El apoyo sostenible al fortalecimiento de la capacidad de las Sociedades Nacionales promueve y mantiene sus posibilidades para obrar. Propiciando la protección de la dignidad humana y el respeto de las personas, el Movimiento puede prestar acertada asistencia a las personas y granjearse su aceptación.

A fin de afrontar el reto que suponen los riesgos locales y las amenazas de envergadura internacional, debe fomentarse el modo de trabajo que tiene en cuenta el aspecto de la seguridad. Esto también implica entablar un diálogo pertinente, o intensificarlo, con cuantos participan en situaciones de conflicto y desastre. Es esencial abogar por los Principios Fundamentales clave y explicar, mediante ellos, qué puede hacer el Movimiento para ayudar a las personas y cómo trabaja. Si bien, desafortunadamente, es evidente que no hay un entorno operacional totalmente seguro, un intercambio de información adecuado contribuirá a reducir los riesgos. Planificar convenientemente la utilización de los diversos recursos humanos puede servir para que el personal sea mejor aceptado y para aumentar su seguridad. La cooperación entre los encargados de la seguridad del CICR y de la Federación es muy buena, y se insta a las Sociedades Nacionales a que, en colaboración con los componentes internacionales, elaboren sus procedimientos y estructuras de seguridad.

Se alienta a los Estados a que promuevan una mejor distinción entre los diferentes cometidos, características y funciones de los actores humanitarios y político-militares, y entre la acción humanitaria y la gestión de las crisis. El compromiso de los Estados de respetar y hacer respetar el derecho internacional humanitario ayuda a la labor del CICR y de otros componentes del Movimiento. En su compromiso, los Estados deberían manifestar su voluntad de garantizar y defender la independencia de nuestras actividades, que sustenta la legitimidad de nuestra acción.

(REV 09.02.2004)

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