Entorno
En 2004, las principales tendencias que causaron o reavivaron situaciones de conflicto armado o de violencia interna fueron similares a las de los dos años previos.
En todo el mundo, dos fenómenos centrales tuvieron un papel preponderante en la determinación de los acontecimientos. En primer lugar, en numerosos países, el crecimiento económico siguió siendo muy dependiente de un abastecimiento constante y accesible de recursos indispensables, sobre todo en el ámbito de la energía. La cuestión del acceso a los recursos naturales, como el petróleo y el agua, por no mencionar más que dos, siguió siendo una causa potencial de tensión o de violencia entre o dentro de países y comunidades. El segundo factor fue un enfrentamiento permanente de dimensiones globales, cuyos límites continuaron siendo inciertos, entre algunos países y diversos grupos o actores no estatales. Ese enfrentamiento siguió caracterizándose por sus repercusiones prácticamente mundiales, su naturaleza asimétrica y el hecho de que no hay una única línea de frente ni un grupo de actores determinados.
Ese entorno ha generado una mayor polarización y radicalización en todo el mundo, lo que ha provocado temor y vulnerabilidad, sobre todo en las poblaciones que han sido objeto de actos de terror deliberados, principalmente dirigidos contra civiles, pero también en otros lugares. La polarización ha afectado, asimismo, a otras poblaciones que se sintieron humilladas por lo que perciben como disputas o injusticias políticas de larga data y sin resolver, como la exclusión social o política y la alienación cultural. La respuesta de los Estados ante los actos de terror o de resistencia recurrió a diversos medios represivos, incluida la tortura, lo que dio lugar a preocupaciones considerables. Las tendencias radicales se manifestaron tanto a través de palabras como de acciones. Se hicieron numerosos intentos por que se considere a las personas o a las comunidades según un único rasgo distintivo o identidad, lo que forzó a las personas y a los países a tomar partido.
Además de estos llamados factores globales, otros elementos importantes contribuyeron a los conflictos en diversos contextos. Las clásicas luchas por obtener el control de la autoridad nacional y los recursos siguieron siendo el factor más omnipresente, además de las tensiones y la violencia generadas por cuestiones étnicas, de identidad o relacionadas con minorías, en torno de reformas agrarias o de problemáticas de índole religiosa.
La crisis humanitaria de mayor envergadura en 2004 fue el conflicto en Darfur, Sudán, que fue provocado por una serie de factores históricos, políticos, sociales y relativos a la comunidad. Esto confirma lo que la experiencia con frecuencia ha demostrado, en particular que los factores locales son la principal causa de los conflictos, aunque no puede subestimarse la incidencia de factores globales en conflictos específicos. Otros factores que influyen en situaciones de violencia interna o de conflicto armado son las privaciones económicas y la exclusión social, además de pandemias como el SIDA y sus consecuencias sociales.
Actividades operacionales
Tras un año muy difícil y trágico, pues en 2003 varios colegas perdieron la vida en Afganistán y en Irak, la planificación y la conducción de las actividades operacionales en 2004 estuvieron influenciadas en gran medida por consideraciones relativas a la seguridad. La capacidad del CICR de lograr una mayor aceptabilidad de su identidad como organización neutral, imparcial y estrictamente humanitaria siguió siendo crucial para la realización de su labor humanitaria.
En un mundo tan polarizado, el riesgo de ser rechazados o instrumentalizados siguió siendo elevado para los actores humanitarios. A pesar de que el CICR no fue objeto de ataques comparables a los del año anterior, otras organizaciones humanitarias perdieron colegas o debieron hacer frente a secuestros en varios contextos. El CICR continuó trabajando para la integración de indicadores globales y regionales de amenazas en su manejo de la seguridad descentralizado y basado en cada contexto.
Otro desafío importante fue la capacidad de entablar el diálogo con todos los actores que tienen influencia en determinadas situaciones de conflicto. Es éste un componente intrínseco de la filosofía operacional del CICR, que se vuelve crucial si la organización desea cumplir cabalmente su responsabilidad de prestar protección y asistencia a las personas afectadas por conflictos armados y otras formas de violencia. Se hicieron esfuerzos considerables para fortalecer las redes de contactos con las autoridades estatales, la sociedad civil y los actores no estatales en numerosos países.
Algunas tendencias radicales sumaron otros desafíos al CICR y al derecho internacional humanitario. La pertinencia de este derecho en los conflictos armados actuales y, más especialmente, el respeto de sus disposiciones por las partes implicadas, fueron temas importantes. El derecho internacional humanitario se vio expuesto a diversas presiones por parte de grupos que cometieron actos deliberados de violencia contra civiles o que ejecutaron a personas que habían secuestrado. Algunos Estados comentaron, asimismo, que "la guerra global contra el terrorismo" corresponde a una nueva forma de guerra, a la que no se aplican las normas existentes.
El CICR reconoce la importancia de abordar estos temas. La responsabilidad de los Estados de garantizar la seguridad de su población es indiscutible; el CICR ha reafirmado con vehemencia que los Estados pueden cumplir esa obligación y, al mismo tiempo, garantizar el respeto de la dignidad humana y observar las obligaciones que les incumben en virtud del DIH. No siempre fue fácil transmitir este mensaje en un contexto caracterizado por tomas de rehenes en escuelas e imágenes de decapitaciones por televisión. El sufrimiento de las familias afectadas fue inmenso. Al mismo tiempo, el CICR insistió en que existe un conjunto de normas y de consideraciones de humanidad que deben aplicarse, por ejemplo a los detenidos, independientemente de su situación jurídica particular.
La velocidad a la que ocurrieron algunos de estos acontecimientos y a la que se conocieron fue impresionante y, como consecuencia, la acción humanitaria quedó puesta en el tapete. Como se evidenció en el acalorado debate sobre el trato de los detenidos en Abu Ghraib, en Irak, las cuestiones relativas a la toma de decisiones del CICR en el plano operacional, su tradicional modalidad de trabajo basada en la confidencialidad y su manera de comunicar públicamente fueron objeto de atención en el plano mundial.
África
Una vez más, las actividades operacionales del CICR se concentraron principalmente en África.
Desde principios de 2004 en adelante, dadas las acuciantes necesidades que se vivían en la región de Darfur, Sudán se convirtió en la acción de mayor envergadura del CICR en el mundo. Esa acción fue complicada y exigente en numerosos aspectos, debido al grado y a las consecuencias de la violencia, a menudo dirigida deliberadamente contra la población civil, y la dificultad de evaluar las necesidades y preparar las respuestas adecuadas en un entorno tan complejo. Otro factor influyente fue el tiempo necesario para tomar contacto con todos los actores y grupos que participan en el conflicto. En el transcurso del año, se elaboró una respuesta estructurada, basada en una organización diversificada y una logística fuerte, que incluyó programas de protección y asistencia (distribución de alimentos, abastecimiento de agua potable y atención médica).
En el Cuerno de África, el CICR continuó desplegando actividades de gran escala en Somalia y Etiopía.
Por primera vez en quince años, no hubo conflictos abiertos en África occidental. La situación en Liberia, donde las mejoras fueron notorias en comparación con el año anterior, requirió que se efectuara un mayor número de actividades de apoyo, en el ámbito médico y para la población de comunidades rurales aisladas. En Côte d' Ivoire, donde la situación siguió siendo frágil y tensa a pesar de la suspensión de las hostilidades activas, el CICR continuó desplegando actividades en algunas regiones del país afectadas por la crisis actual.
El CICR también efectuó numerosas actividades en los Grandes Lagos, sobre todo en la región oriental de la República Democrática del Congo, donde se concentró en el restablecimiento del contacto entre familiares y la asistencia de emergencia. Cabe destacar, en particular, las actividades que el CICR volvió a desplegar en el norte de Uganda a fin de satisfacer las acuciantes necesidades que se atravesaban. En varios contextos de África, el CICR se esforzó por mejorar sus actividades de respuesta a las consecuencias de la violencia sexual.
Asia y el Pacífico
La acción de mayor envergadura del CICR en Asia siguió siendo la que despliega en Afganistán, donde realiza principalmente actividades en los ámbitos de detención, apoyo médico y ortopedia, en un contexto volátil desde el punto de vista de la seguridad. La Institución también realizó actividades en Nepal, país que vivió una intensificación de la inestabilidad y la violencia.
Las actividades relacionadas con la detención y el fortalecimiento del diálogo con los actores estatales y no estatales también fueron importantes en varios Estados de Asia central, así como en Myanmar, India y Pakistán. Durante el año reseñado, el CICR comenzó a efectuar actividades para responder a las necesidades derivadas de la violencia comunal en el sur de Tailandia.
A fines de 2004, varios países y comunidades de Asia meridional fueron devastados por el maremoto que se produjo el 26 de diciembre. Varias delegaciones del CICR, junto con colaboradores de las Sociedades Nacionales de la región, se movilizaron horas después de la tragedia, particularmente en Sri Lanka y en Indonesia, donde se respondió a las urgentes necesidades de alimentos, agua y atención médica. Se trató, además, de aliviar el sufrimiento de los familiares separados a raíz de la catástrofe. Antes del final del año, el CICR y la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja hicieron llamamientos de fondos para poder llevar adelante sus actividades respectivas y coordinadas.
El CICR prosiguió sus esfuerzos para fortalecer la red de contactos e incrementar sus actividades de diplomacia humanitaria y comunicación en varios países de Asia oriental y sudoriental. Avanzó positivamente el diálogo con China sobre la apertura de una delegación regional del CICR en Beijing.
Europa y América
Las situaciones en Cáucaso septentrional, Colombia y Haití fueron las más preocupantes en la zona de Europa y América.
El actual conflicto en Colombia continuó afectando a numerosos civiles, tanto desplazados como residentes. En respuesta, el CICR continuó efectuando diversas actividades de protección y de asistencia médica en el país.
En Haití, el CICR intensificó sus actividades a comienzos de 2004 a fin de responder a las necesidades derivadas del creciente nivel de violencia y de conflicto en varias partes del país, particularmente a través de la distribución de suministros médicos para emergencias. Además, contribuyó a fortalecer la capacidad de la Cruz Roja de Haití.
En otras partes de América Latina, el CICR efectuó diversas actividades de prevención, sobre todo ante las fuerzas armadas y como apoyo a las Sociedades Nacionales, a fin de que se conozca y se respete en mayor medida el DIH.
En la Federación de Rusia, se produjeron varios acontecimientos trágicos y violentos en 2004. El horror de Beslan no puede describirse. El CICR prestó apoyo de emergencia en esas y en otras circunstancias. Continuó esforzándose por obtener acceso irrestricto a las personas detenidas en relación con las acciones de seguridad en curso en Chechenia y en otros lugares. En la última parte del año, decidió suspender las visitas, habida cuenta de que no se respetaban algunas de sus modalidades habituales de trabajo. La cuestión se planteó formalmente a las autoridades rusas, y el CICR espera que pueda hallarse una solución a esta dificultad.
Las visitas del CICR a las personas detenidas en la base naval de la Bahía de Guantánamo continuaron por tercer año consecutivo. Se mantuvo el diálogo entre Estados Unidos y el CICR sobre cuestiones como el estatuto jurídico de los internados, las condiciones de internamiento y el trato que les es dado. El CICR también planteó el tema de las personas retenidas por Estados Unidos en centros clandestinos.
Oriente Próximo y África del Norte
La situación en Oriente Próximo siguió estando influenciada en gran medida por los acontecimientos en Irak. Tras los ataques deliberados contra sus oficinas en Bagdad el 27 de octubre de 2003, el CICR decidió mantener una presencia operacional en Irak y concentrarse en las visitas a los detenidos y las acciones para responder a las emergencias médicas y de abastecimiento de agua. Dadas las difíciles condiciones de seguridad, el CICR se vio obligado a adoptar un modus operandi distinto en Irak.
La situación en Israel, los Territorios Ocupados y los Territorios Autónomos siguió siendo preocupante en 2004, sobre todo a raíz de la violencia en Gaza, las repercusiones de la barrera de Cisjordania y los ataques deliberados contra civiles. El CICR continuó visitando a las personas detenidas, velando por que se respete el DIH y conduciendo programas de asistencia de emergencia. El CICR también realizó visitas a centros de detención en Argelia, en Sáhara occidental.
Las delegaciones del CICR en Ammán, El Cairo, Kuwait y Túnez, entre otras, se concentraron en actividades de difusión del DIH y de formación en ese derecho en todo el mundo árabe.
Acción humanitaria neutral e independiente
A lo largo de 2004, el CICR continuó esforzándose por demostrar el valor de su acción humanitaria neutral e independiente, haciendo hincapié particularmente en la incidencia que sus actividades tienen para las mujeres, los hombres y los niños afectados por situaciones de conflicto armado u otras formas de violencia armada, así como por defender la pertinencia del DIH y la necesidad de respetarlo.