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16-06-2005  Informe de actividad  
Mensaje del presidente

En 2004, obtener acceso a todas las personas que necesitaban la protección y la asistencia del CICR como consecuencia de un conflicto armado o de otras situaciones de violencia armada siguió siendo un importante desafío. Sin embargo, a pesar de las difíciles condiciones de seguridad de un entorno caracterizado por una polarización y una radicalización cada vez mayores en algunas partes del mundo, el CICR logró ampliar su plataforma operacional global y beneficiar a un número mayor de personas necesitadas. El firme compromiso de la Institución con una acción independiente, neutral e imparcial ha sido muy valioso en ese aspecto.

Los delegados del CICR visitaron a más de 570.000 personas privadas de libertad en unos 2.000 lugares de detención en alrededor de 80 países; gracias a los proyectos de abastecimiento de agua, saneamiento y construcción se pudo satisfacer las necesidades de unos 20 millones de personas; el CICR prestó apoyo a hospitales e instalaciones sanitarias que atendieron a unos 2,8 millones de personas; además, entregó artículos domésticos esenciales a más de 2,2 millones de personas, ayuda alimentaria a 1,3 millón de personas y asistencia a otro 1,1 millón de personas a través de programas de producción sostenible de alimentos y de microiniciativas económicas.

En 2004, se destacaron particularmente la acción del CICR en Darfur (Sudán), donde se produjo la mayor crisis humanitaria provocada por un conflicto armado en el año reseñado, y las continuas actividades de la Institución en Irak, donde se prestó particular atención a las visitas a los lugares de detención, a pesar de las difíciles condiciones de seguridad que atraviesa ese país. El conflicto armado en Darfur fue, tristemente, un ejemplo típico de los conflictos armados no internacionales contemporáneos, que se caracterizan por una baja intensidad de los enfrentamientos y una alta intensidad del sufrimiento que padece la población civil como consecuencia de la inobservancia de las normas y los principios fundamentales del derecho internacional humanitario. En lo que respecta a la coordinación entre organizaciones humanitarias en el contexto de Darfur, la lección fue clara y poco sorprendente: la única coordinación de valor humanitario práctico es la que se basa en las capacidades y la experiencia existentes y disponibles sobre el terreno, no en declaraciones de intención con fines de posicionamiento.

El CICR confiere suma importancia al hecho de que sus actividades se realicen en un marco conceptual sólido. Por ello, en 2004, revisó y mejoró su política de asistencia en las operaciones sobre el terreno durante conflictos armados y en las situaciones anteriores o posteriores a éstos.

Como en años pasados, el derecho internacional humanitario fue puesto a prueba especialmente en conflictos armados sin carácter internacional. A pesar de que los Estados Partes en los Convenios de Ginebra son los que tienen la responsabilidad principal de respetar y hacer respetar ese derecho, la mayor observancia de sus disposiciones por parte de grupos armados no estatales es una condición clave para que mejore la situación humanitaria en muchas regiones. Garantizar un mayor respeto del derecho internacional humanitario por esos grupos fue una preocupación mayor para el CICR en 2004 y seguirá siéndolo en los años venideros. Por lo que respecta a la guerra contra el terrorismo, el CICR ha continuado insistiendo, en 2004, en la importancia de hallar un equilibrio entre las legítimas preocupaciones por la seguridad y el respeto de la dignidad humana. Tal vez aún no se ha comprendido suficientemente que el respeto de la dignidad humana es una inversión a largo plazo en lo que respecta a la seguridad. De manera más general, se podría, o tal vez se debería, plantear esta pregunta: ¿el contexto global se ha vuelto más favorable o más hostil al respeto del derecho internacional humanitario y de otros ordenamientos jurídicos que protegen la vida y la dignidad?

Por un lado, el contexto se ha vuelto más hostil porque ha aumentado la cantidad de grupos armados que no respetan las normas; también es más hostil porque se ha acentuado la tendencia a deshumanizar o demonizar al adversario y a reducir la riqueza y la complejidad de los seres humanos a unos pocos rasgos; es más hostil, asimismo, porque para algunos Gobiernos sigue siendo difícil encontrar un equilibrio entre las preocupaciones legítimas por la seguridad y su obligación de respetar la dignidad humana; por último, es más hostil porque las expectativas de reciprocidad en lo relativo al derecho internacional humanitario ya no constituyen un incentivo mayor.

Por otro lado, el contexto se ha vuelto más favorable al respeto del derecho internacional humanitario, porque éste ha cobrado visibilidad y provoca una atracción que no podríamos haber imaginado hace diez o quince años; ahora se debate sobre Irak, Sudán y otros lugares, y se destaca el valor intrínseco que tiene esa rama del derecho; también es más favorable porque el desarrollo del derecho internacional humanitario en los últimos años ha sido significativo; es más favorable, asimismo, porque el espacio para la impunidad se está reduciendo paulatinamente, gracias a la Corte Penal Internacional, los tribunales ad hoc y los procesos judiciales en el plano nacional; por último, es más favorable porque las personas cuya vida y dignidad están amenazadas tienen más posibilidades de hacer oír su voz que en el pasado.

El año 2004 sin duda ha sido exigente para el CICR en lo que respecta a la comunicación. La Institución actualizó su política de comunicación en 2004, lo que fue muy importante, sobre todo a la luz de la publicación en la prensa, sin autorización del CICR, de sus informes confidenciales sobre las visitas de sus delegados a la cárcel de Abu Ghraib. Consecuentemente, el CICR debió hacer esfuerzos especiales para explicar la finalidad, el valor y los límites de la confidencialidad que ha adoptado como modalidad para tratar con las autoridades detenedoras y con otras instancias.

En 2004, también se cumplieron aniversarios de acontecimientos dolorosos, pero que era necesario recordar. En efecto, la comunidad internacional conmemoró que, hace sesenta años, fue liberado el campo de exterminio de Auschwitz y que, hace diez años, se perpetró el genocidio en Ruanda. No debemos olvidar a las personas que sufrieron y hoy debemos hacer todo lo posible para evitar su sufrimiento o, por lo menos, aliviarlo. En un foro celebrado en Estocolmo bajo el tema de "La prevención del genocidio: amenazas y responsabilidades", dije lo siguiente: "Los genocidios, al igual que los conflictos armados de cierta magnitud, no surgen de un día para el otro. Son el resultado de una combinación de factores, entre los que se cuentan, principalmente, una falta de diálogo, una incapacidad de respetar al otro y una ausencia de valores compartidos. Es difícil anticipar el momento crítico en que comenzará el genocidio o el grado que alcanzará la masacre. Por consiguiente, han de hacerse mayores esfuerzos para interpretar los signos de alerta y actuar adecuadamente ante ellos. Esto no debería ser difícil, pues el genocidio necesita sus organizadores. También es muy útil distinguir, desde el inicio, qué viene de abajo y qué viene de arriba". Las alarmas suenan para quienes las escuchan, no sólo en los casos extremos de genocidio, sino en todos los casos de violaciones graves y sistemáticas del derecho internacional humanitario.

El CICR continuará contribuyendo al desarrollo de esa capacidad particular de escuchar y estará cerca de todas las mujeres, los hombres y los niños afectados por conflictos armados y otras situaciones de violencia, a fin de prestarles asistencia y tratar de protegerlos tan eficiente y adecuadamente como sea posible.

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16-06-2005