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2-05-2008  Reportaje  
Afganistán: las videoconferencias, una conexión vital para los familiares de personas detenidas
A principios de 2008, el CICR y las autoridades estadounidenses establecieron un sistema que permite a las personas detenidas en el centro de detención de Estados Unidos en Bagram comunicarse con sus familiares mediante llamadas de videoconferencia. Haji Abu Sayed, delegado de búsqueda del CICR en Kabul, narra la historia de Janan, un pastor nómada que recorrió un largo camino para ver a su hijo.

©ICRC/G. Muller
Janan registra sus datos para una llamada por videoconferencia en la delegación del CICR en Kabul.

A pesar de sus casi cincuenta años, Janan había visitado Kabul, capital de Afganistán, sólo dos veces en su vida. Vino por primera vez el año pasado, con el propósito de averiguar el paradero de su hijo Barialai* , detenido el verano anterior por las fuerzas americanas que operan en el país en apoyo del Gobierno afgano. Esta vez, llegó con la esperanza de poder verlo. Unos meses atrás, había oído por la radio que el CICR y las autoridades estadounidenses habían puesto en práctica un sistema nuevo, que permitía a las personas detenidas en la base aérea de Bagram y a sus familiares hablar y verse en una pantalla. Poco después, Janan envió a uno de sus primos a Kabul para recabar información en la delegación del CICR. A su regreso, el primo confirmó la noticia y Janan partió a Kabul con su esposa y su hija menor.

La familia de Janan pertenece a la tribu Kuchi, formada por pastores nómadas que, casi todo el año, recorren las regiones altas, el sur y las zonas montañosas del este de Afganistán con sus grandes rebaños de animales. Habitualmente, la familia de Janan pasa los meses de verano en el mismo distrito, en la provincia de Ghazni; durante los meses de invierno, recorre las provincias vecinas en busca de pasturas para los animales. Él y su familia, formada por seis hijos -dos de ellos casados- tres hijas y la esposa, poseen un rebaño de 180 cabras y ovejas. El rebaño siempre había alcanzado para asegurar la subsistencia de la familia.

Un hijo desaparece

©ICRC/G. Muller
Haji Subhanullah, colaborador del CICR, explica el funcionamiento del sistema de llamadas de videoconferencia.

Janan recuerda exactamente el día de la desaparición de su hijo Barialai. Lo había enviado a la aldea a recoger el dinero que un aldeano le adeudaba por la compra de algunas ovejas del rebaño familiar. Tres días después, Barialai seguía sin regresar; entonces, Janan fue a la aldea, donde le informaron que su hijo había sido detenido esa noche durante una operación militar efectuada por las fuerzas internacionales. Nadie sabía adónde se lo habían llevado.

Janan consultó a los miembros de la shura o consejo de ancianos del lugar, pero no pudieron ayudarlo. Analfabetos y sin saber cómo tratar con las entidades del Gobierno, Janan y su familia no sabían qué hacer en tal situación. Esperaron tres largos y angustiosos meses. Por fin, un conocido les dijo que, en la oficina de la Media Luna Roja Afgana (MLRA) en Ghazni, había, al parecer, una carta dirigida a la familia, que no había sido entregada porque no indicaba un domicilio fijo.

Mensajes de Cruz Roja: "un regalo de Dios"

La carta, un mensaje de Cruz Roja, había sido escrita por uno de los compañeros de celda de Barialai en Bagram, durante una visita de los delegados del CICR. El mensaje contenía noticias tranquilizadoras: Barialai estaba con vida y su salud y su estado de ánimo eran buenos; enviaba saludos a sus familiares, pidiéndoles que no se preocuparan por él. Era la época del Ramadán, el mes sagrado en que los musulmanes guardan ayuno. En palabras de Janan, la carta de Barialai fue "un regalo de Dios".

©ICRC/G. Muller
Janan y su esposa hablan con su hijo en la cabina de videoconferencia.

Durante los meses siguientes, la familia de Janan recibió otros dos mensajes de Cruz Roja. En las cartas, Barialai también pedía noticias de sus familiares. Sentía la misma preocupación por sus seres queridos que Janan había sentido por él. Pero Janan no le contestó. La idea de escribir le parecía demasiado abstracta. Estaba orgulloso de haber formado una gran familia, pero nunca había aprendido a leer y escribir.

Cuando supo que existía la posibilidad de ver a su hijo y hablarle en la delegación del CICR, sintió gran alegría. Además, su primo le había dicho que el CICR costearía sus gastos de viaje aunque, dijo Janan con firmeza, vendería cuantas ovejas fuesen necesarias para poder ver a su hijo.

Ver al hijo "por televisión"

Tras viajar en un taxi compartido desde Ghazni a Kabul, llegaron a la delegación del CICR un día lunes, y registraron sus datos para efectuar una llamada el día siguiente. Era un agradable día de primavera, y Janan, su esposa y su hija esperaron su turno al sol, observando a otras familias que también deseaban realizar llamadas en el CICR. Muchas personas venían por segunda vez, y compartieron sus experiencias con Janan. "Antes de venir aquí, no creía que realmente pudiese hablar con mi hijo por televisión, pero ya no tengo dudas", dijo Janan. Cuando llegó su turno, se registró y le informaron que podría realizar una llamada de 20 minutos al día siguiente.

"¿Qué le dirá a su hijo mañana? le preguntó un colaborador del CICR. "Solamente quiero preguntarle si se encuentra bien y si su salud es buena", respondió Janan con una sonrisa. "Y que su hermano se ha casado. Ésa es la única noticia. Todo lo demás está como debe estar", añadió.

El día siguiente, mientras Janan conversaba tranquilamente con otras personas, su esposa e hija estaban nerviosas y casi no hablaban. Cuando llegó su turno, fueron a la cabina telefónica y se les explicó cómo funcionaba el sistema. Pocos minutos después, se encendió la pantalla y apareció Barialai.

Durante los siguientes veinte minutos, Janan y sus familiares mantuvieron la vista fija en la pantalla; hablaban sin cesar y, a veces, reían. Cuando salieron de la cabina, se encontraban visiblemente aliviados. Enjugando discretamente una lágrima, Janan dijo: "Jamás lo hubiera creído. Gracias, CICR. Está sano y bien. Dijo que está aprendiendo a leer libros y a recitar el Corán". Añadió, con una sonrisa: "Cuando regrese, será un mullah y ya no querrá pastorear ovejas..." En el mostrador, retiró el dinero para el viaje. Tras un último saludo, la familia se marchó de la delegación para regresar a su hogar en las montañas.

*Se ha cambiado el nombre del detenido a fin de proteger su identidad.

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