Portada
  English
  Arabic
  Russian
  Chinese
Ayude a las víctimas de la guerra: ¡haga un donativo al CICR hoy!
afghanistan-feature-080509
8-05-2009  Reportaje  
Afganistán: en Kabul, un hogar para indigentes ofrece refugio a personas con enfermedades mentales.
En Afganistán, hay pocos lugares donde los enfermos mentales pueden recibir cuidados. Jessica Barry, coordinadora de comunicación del CICR, visitó uno de ellos.

©CICR/VII/James Nachtwey/v-p-af-e-01454
Esta joven fue abandonada por sus padres cuando tenía diez años, y vagaba por las calles de Kabul cuando la policía la encontró y la llevó al marastoon administrado por la Media Luna Roja Afgana.

Cuando llegamos a la puerta del marastoon, un hogar para indigentes situado en las afueras de Kabul, que aloja a dieciocho mujeres con trastornos mentales y decenas de otros adultos desvalidos y niños huérfanos, nos recibió Najiba, de 52 años.

Las mujeres que se encuentran al cuidado de Najiba estaban en el jardín haciendo sus ejercicios cotidianos. Nos sentamos en un lugar tranquilo del dormitorio vacío.

Afuera, en el jardín, una mujer gemía y gemía, mientras otra interna caminaba en círculo, cantando.

Dice Najiba: "Aquí hay una niña a la que llamamos Gul-ma, que significa "nuestra flor". No conocemos su verdadero nombre. La policía la encontró vagando por las calles hace seis años y la trajo al marastoon. Sufría trastornos mentales y sus padres la abandonaron cuando tenía diez años".

Según Najiba, incluso ahora, Gul-ma casi no habla y, cuando está triste, se refugia en su mundo de silencio.

Sigue contando Najiba: "Hace treinta años, durante el gobierno del régimen comunista en Afganistán, mi marido desapareció y nunca más volvió. Me quedé sola con cuatro hijos pequeños. Fue en ese momento que vine a trabajar al marastoon".

©CICR/VII/James Nachtwey/V-P-AF-E-01516
Las mujeres alojadas en el servicio de salud mental del marastoon de Kabul pasan mucho tiempo afuera, cuando está cálido y soleado. Por la noche, duermen en espaciosos dormitorios colectivos que dan a una amplia terraza con vista a la ciudad.

"A veces, lo más difícil de soportar es el ruido por las noches", dice, mientras se oyen los lamentos que vienen del jardín.

Pregunté: ¿Qué es lo mejor de este hogar?

Najiba respondió con una sonrisa: "Lo mejor es cuando logramos que las mujeres sean felices".

Pensé en los sacrificios que se hacen en la vida y en las personas que se arriesgan para ayudar a los demás, a pesar de sus propias tragedias. Alrededor nuestro, el hogar y el dormitorio blanco, amplio y ventilado donde conversábamos, con su vista hacia Kabul y las montañas lejanas, invitaba a la reflexión.

En la década de 1930, el Gobierno de Afganistán estableció los marastoons (palabra que, en pashtu, significa "hogar para indigentes") en las ciudades de Herat, Jalalabad, Mazar-i-Sharif, Kandahar y Kabul. La Media Luna Roja de Afganistán (MLRA) se hizo cargo de los marastoons en 1964 y, treinta años más tarde, mientras la guerra civil devastaba la capital afgana, el CICR intervino a fin de evacuar a los internados, ya que las líneas del frente se acercaban cada vez más y los bombardeos arreciaban. El CICR siguió prestando apoyo a estos hogares durante los siguientes diez años.

La función principal de los marastoons es servir de hogar a las personas sin vivienda, pero también albergan a los marginados sociales y los enfermos mentales. A pesar de sus diferencias regionales, los marastoons tienen un objetivo común: educar a los niños y ayudar a los adultos a aprender un oficio, para facilitar su reinserción social cuando, después de una estadía de dos años, les llega el momento de irse.

Pero Gul-ma y las demás mujeres que viven en el ala de los enfermos mentales del marastoon de Kabul no irán a ningún lado.

Durante los últimos años, se hicieron importantes obras para transformar el pabellón de mujeres en un lugar confortable y acogedor. Como explicó en una entrevista reciente el presidente de la MLRA, responsable de buena parte de las mejoras, "ahora, las mujeres pueden vivir y morir allí con dignidad".

Las décadas de ocupación y de guerra civil en Afganistán han dejado decenas de miles de personas con discapacidades físicas y mentales.

Gul-ma se cuenta entre los más afortunados. En el marastoon, Gul-ma tiene su hogar y personas que la cuidan. Pero la ayuda que estos hogares pueden ofrecer a los enfermos mentales es muy exigua, en comparación con las graves necesidades existentes.

A medida que, nuevamente, se intensifica el conflicto en las formidables montañas y en las pardas planicies de Afganistán, Gul-ma y sus compañeros están protegidos contra la inhumanidad de la guerra por su propia soledad interior. La gente que reside en las aldeas de casas de barro, donde tienen lugar los enfrentamientos, no tiene tanta suerte.

Otros documentos en esta sección
En el mundo > Asia y el Pacífico > Afganistán 

Volver al principio de esta página
Portada | Mapa del sitio | Búsqueda | Nuevo | Contactos | Copyright | Normas de privacidad | RSS
© 2010 Comité Internacional de la Cruz Roja
8-05-2009