¿La violencia que recientemente se ha producido contra trabajadores humanitarios afecta las actividades del CICR en Afganistán y su capacidad de prestar asistencia a la población afgana?
Antes de responder a su pregunta, permítame decir que el CICR condena todos los ataques contra civiles, lo que sin duda incluye el atentado de la semana pasada contra personal de la ONU. El ataque fue una violación inaceptable del derecho internacional humanitario.
Volviendo a su pregunta: el CICR no retirará a su personal y continuará trabajando en el país, tal como veníamos haciendo antes del atentado de la semana pasada. En realidad, hemos aumentado gradualmente nuestras actividades a lo largo de los años para llegar hasta más personas que sufren los efectos del conflicto armado, y ahora tenemos más de 1.500 colaboradores afganos y extranjeros en Afganistán. La razón principal que nos permite seguir realizando actividades en Afganistán, pese a que el conflicto se está expandiendo e intensificando, es que como organización humanitaria independiente y neutral, no respondemos a ningún motivo político, militar, ideológico o religioso. Nuestra seguridad deriva de la confianza y la aceptación que hemos logrado entre la población afgana y las partes en conflicto.
¿El CICR recurrirá a guardias armados o adoptará alguna medida similar para proteger a su personal?
El CICR nunca ha utilizado guardias armados para proteger sus oficinas o sus casas en Afganistán, y ninguno de nuestros vehículos utiliza escolta. Una vez más, creemos que la seguridad del CICR, en tanto organismo humanitario, deriva de la confianza que hemos sabido construir, actuando sobre la base de consideraciones estrictamente humanitarias. Si a eso añadimos la aceptación de que goza el CICR como organización neutral e independiente entre la población afectada y las partes en conflicto, llegamos a los elementos clave de nuestra seguridad y nuestro acceso permanente a muchas partes de Afganistán. Por ello, el recurso a guardias armados sería contraproducente. Sin embargo, me gustaría agregar que durante los 30 años en los que el CICR ha estado en Afganistán, el acceso a las personas afectadas por el conflicto rara vez ha sido tan difícil como en la actualidad. Cada vez que va a zonas peligrosas, el CICR notifica de sus desplazamientos a todas las partes en conflicto.
Hay algo que es muy claro: en una situación de conflicto armado, nunca hay seguridad absoluta, para nadie, incluido el CICR. Hemos perdido varios colaboradores en Afganistán.
¿La neutralidad del CICR significa que se comunica con todas las partes en conflicto?
Absolutamente. Es parte del cometido del CICR. Mantenemos un diálogo constante con la oposición armada y con las fuerzas de seguridad internacionales y afganas. Cuando somos testigos de algo que pareciera ser una violación del derecho internacional humanitario, manifestamos nuestra preocupación a la parte de que se trate. Además, actuamos como intermediario neutral entre las diferentes partes beligerantes. Esto nos ha permitido lograr la liberación de rehenes, como en 2007, cuando el CICR fue contactado para ayudar en la liberación de 21 rehenes coreanos. La posición de intermediario neutral también nos permite recuperar los cuerpos de combatientes caídos y devolverlos a sus familiares, o pedir un cese de las hostilidades cuando ha aparecido alguna enfermedad, para evacuar a los afectados y prestar ayuda.
Desde finales de 2007, hemos mediado en forma regular entre el Ministerio afgano de Salud Pública, la OMS y la oposición armada, para obtener las garantías de seguridad necesarias para que el Ministerio y la OMS realizaran un programa de vacunación contra la polio sin temer que los atacaran.
Seguimos comprometidos con nuestra misión de aliviar el sufrimiento de las personas afectadas por el conflicto armado. Lo que significa que hoy en día prestamos asistencia a la amplia mayoría de los afganos, ya que prácticamente toda la población se ve afectada en forma directa o indirecta.