© ICRC/Inah Kaloga
Voluntarios de la Cruz Roja de Chad entierran restos mortales recogidos en Yamena
Yamena, tres y media de la tarde. Cinco hombres y dos mujeres, voluntarios de la Cruz Roja de Chad, se amontonan en una Landcruiser que se dirige a Lamadji, una pequeña aldea a unos 20 km de Yamena. Los siguen un camión municipal y una excavadora mecánica.
Este inusual convoy no tiene por finalidad atender a los heridos o distribuir alimentos. Se dirige a Lamadji porque allí hay un cementerio, y el camión traslada los cuerpos de combatientes y de personas civiles muertos en los enfrentamientos producidos en Yamena.
Aprovechando la calma de los últimos días, los trabajadores de la Cruz Roja se han abocado a recoger los cadáveres que habían quedado esparcidos en algunas partes de Yamena y cargarlos en el camión para trasladarlos a Lamadji. Con el rostro cubierto con máscaras, los voluntarios comienzan la tarea a las ocho de la mañana. La mayoría de los cadáveres está en tal estado de descomposición que es imposible identificarlos.
"Este es un trabajo muy duro", dice Bongor Zam, de la Cruz Roja de Chad. "Pero es muy necesario. Protege la salud pública, obviamente, pero también es una cuestión de dignidad humana. A pesar de la terrible violencia que hemos vivido, y más allá de las circunstancias de su muerte –muchos de ellos eran combatientes–, estas personas merecen una sepultura digna."
En los alrededores de Yamena y con la ayuda de las autoridades municipales y el apoyo del CICR, han recogido y colocado en bolsas 80 cadáveres en dos días. Ahora, en Lamadji, la excavadora está removiendo la tierra para preparar las tumbas. Después de una intensa jornada, los voluntarios están cansados. Mañana retomarán la tarea, en otros barrios. La alcaldía informa que aún quedan unos cien cadáveres en las calles y otros sesenta en las morgues de varios hospitales.
Mientras tanto, otros voluntarios siguen atendiendo a los heridos y prestando diferentes servicios para aliviar los efectos de los enfrentamientos en una población que sigue conmocionada a pesar de la frágil calma que ahora vive la capital de Chad.