©Cruz Roja Colombiana
La crecida del río Ariari (Meta) arrasó con 150 hectáreas de cultivos de plátano, arroz y yuca, dejando a los pobladores del área desamparados y sin sustento económico. La CRC entregó alimentos, colchonetas, artículos de higiene personal y de cocina.
"Soy oriundo de un municipio que queda a una hora de Villavicencio, llamado San Martín Meta; soy arquitecto y técnico en urgencias médicas", relata este voluntario de la CRC desde hace 16 años, quien se ha desempeñado como coordinador operativo, director encargado y coordinador logístico de la zona de distensión para los municipios de Uribe, Mesetas, Macarena y Vistahermosa, en el departamento de Meta.
Sanabria y sus compañeros han rescatado a civiles atrapados en medio del conflicto armado, evacuado heridos por vía aérea y recibido a personas secuestradas por grupos armados en el momento de su liberación.
También le ha tocado asistir a numerosas familias desplazadas por el conflicto armado, uno de los principales flagelos para la población afectada por los enfrentamientos en Colombia.
"Las imágenes lo dicen todo: la angustia, el dolor, saber que tienen que dejar todo lo que les costó 10 o 15 años de trabajo… adaptarse en una casa de madera, dejar sus animales, su familia; todo eso les causa un gran impacto", relata Sanabria.
Y a la tragedia del desarraigo y la pérdida material se suma un alto componente de violencia. "Hemos visto personas degolladas frente a sus familias, escenas escalofriantes", recuerda.
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Puerto Alvira, municipio de San Martín Meta. La CRC evacuó por aire a más 120 personas después de una toma de este municipio por parte de un grupo de paramilitares.
Tales experiencias, reconoce Sanabria, le provocaron sensaciones encontradas: "Por un lado, uno adquiere mucha humanidad, pero también desarrolla un 'escudo protector' y aprende a conocer a las personas."
"Pañitos de agua tibia"
Sanabria admite que la ayuda que la Cruz Roja puede prestarles a los damnificados por el conflicto armado es limitada en comparación con su desgracia. "Lo que nosotros podemos ofrecer son pañitos de agua tibia", dice. "No podemos librar a las víctimas de su dolor, pero podemos minimizarlo, darle un apoyo. La sola llegada de los vehículos de la Cruz Roja hace que muchas víctimas se sientan aliviadas", agrega.
Sin embargo, las organizaciones de ayuda tropiezan con un grave problema a la hora de proponer una salida sustentable a los desplazados que vienen del campo para ubicarse en la ciudad. "Al margen de la falta de trabajo y vivienda, las personas desplazadas se ven obligadas a modificar su ritmo de vida, su alimentación, y eso, además de todo, les provoca enfermedades", explica.
Sanabria propone que las autoridades brinden a estas víctimas más apoyo psicosocial, entre otras formas de paliar el trauma del desplazamiento.
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La CRC realiza actividades de capacitación para voluntarios en formación.
El voluntario subraya también la labor que realizan el CICR y la CRC en otros ámbitos vinculados con el conflicto armado, como las minas antipersonal. Para Sanabria, el apoyo de estas entidades a las víctimas es destacable, no sólo a nivel del manejo del programa y la atención de los afectados, sino también en la tarea de sensibilización de la comunidad acerca de esta problemática.
Idiosincrasia de fraternidad
La aspiración de Hever Sanabria Rojas sería que el mundo no sólo conozca "el lado negativo de Colombia", sino que se reflejen un poco más los progresos realizados en materia de manejo del conflicto armado.
"Me gustaría que también se difunda la imagen de la persona agradecida por la ayuda, que está en medio del conflicto pero que no hace parte de ninguno de los bandos ", sentencia.
"En el aspecto humano, Colombia es un país grande. Hay una idiosincrasia de fraternidad", señala.
Sanabria asegura haber presenciado numerosos actos de bondad entre sus compatriotas, tanto en accidentes como en el marco del conflicto armado y en catástrofes naturales. En el caso particular del conflicto, los gestos positivos tienen que ver con un mayor respeto de las leyes de la guerra, asegura.
"Hace unos 10 años, vi a un herido que fue atendido por una persona del otro bando, quien se quitó una pañoleta, le contuvo una hemorragia y le dio agua. Lo desarmó y lo ayudó. Ese es un buen ejemplo del respeto del derecho internacional humanitario que el CICR inculca y promueve", concluye.