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8-12-2008  Reportaje  
República Democrática del Congo: la sonrisa de Charlotte
Charlotte Tabaro trabaja como asistente psicosocial en una de las dos estructuras instaladas por la Cruz Roja de la República Democrática del Congo al lado de los campamentos para desplazados de Kibati, cerca de Goma. Charlotte fue capacitada por el CICR para recibir a las víctimas del conflicto, escuchar sus problemas y darles apoyo. En estas "casas de escucha", la angustia se encuentra con la compasión y la esperanza.

La casa de escucha de Kibati I es una precaria instalación cubierta con láminas de plástico. El interior es muy modesto, con unos pocos muebles: una mesa y dos sillas. "Nuestra casa de escucha fue saqueada durante los combates de octubre", explica Charlotte, "tuvimos que refaccionarla rápidamente para poder responder a las muchísimas víctimas que recibimos".

En los campamentos de Kibati, donde se alojan decenas de miles de desplazados, son muchos los que lo han perdido todo: sus casas fueron incendiadas; sus bienes, saqueados. Sin embargo, las pérdidas materiales no son nada en comparación con los traumas que algunos han vivido, como la masacre de algún familiar delante de los propios ojos o agresiones de todo tipo. Y lamentablemente son muchas las mujeres que relatan haber sido víctimas de violencia sexual por parte de los portadores de armas.

"Si las mujeres logramos cambiar la mentalidad de nuestros hombres, el número de casos de violencia sexual será menor en República Democrática del Congo"
"Después de una agresión, lo más urgente es prestar atención médica", explica Charlotte. "Las mujeres que han sufrido violencia sexual tienen que ser derivadas a un centro de salud lo más rápido posible. Es posible prevenir enfermedades transmisibles sexualmente, como el VIH/SIDA, si se les da un medicamento dentro de las 72 horas. Pero la medicina no se ocupa más que del cuerpo, y las víctimas también tienen heridas invisibles, heridas psíquicas."

Al lado de la oficina de Charlotte, hay una pequeña habitación con una cama. "Cuando las víctimas llegan aquí, por lo general están agotadas. Algunas, asediadas por los recuerdos, no pueden dormir en toda la noche. Primero las dejamos descansar. La escucha comenzará más tarde. Es fundamental que las víctimas se sientan cómodas y seguras; hay que crear una relación de confianza."

Clotilde, comerciante de 50 años, tenía la costumbre de recorrer largas distancias para abastecer su pequeño comercio, hasta el día en que el bus que la transportaba fue atacado por un grupo armado. Después de haber despojado a los pasajeros de sus bienes, los delincuentes violaron a todas las mujeres. Pero la pesadilla no terminó ahí en el caso de Clotilde: al volver a su casa, fue rechazada por su propio marido, que temía contraer alguna enfermedad venérea.

"Le explicamos al marido que los exámenes médicos demostraban que Clotilde no se había contagiado ninguna enfermedad. Pero, sobre todo, le hicimos comprender que su rechazo la hería profundamente. ¿Acaso ella ya no había padecido suficiente? Comprendió. Clotilde viene a vernos con regularidad y, por primera vez desde hace cuatro meses, nos dice que ya no tiene pesadillas", anuncia Charlotte, con una sonrisa.

"También recuerdo el caso de esa mujer que fue agredida cuando llevaba a su bebé de siete meses sobre la espalda. Tuvo la fuerza de enfrentarse a cinco hombres armados. Incluso a uno le arrancó el fusil y a otro lo hirió en el rostro."

"Después de haber sido violada, se escapó, desnuda, pasó largas horas escondida en un pozo, cubierta con tierra y hojas secas, antes de encontrar ayuda. Después de que se fueron los hombres armados, unas personas fueron al lugar de la agresión y recuperaron al bebé. Yo estaba cuando esa mujer tomó al niño en sus brazos y lo abrazó. En ese momento, lo único que importaba era haber encontrado al niño. Estaba muy feliz esa mamá, a pesar de la desgracia que había sufrido."

Todos los días, los miembros del equipo psicosocial del CICR y de la Cruz Roja de la República Democrática del Congo vienen a hablar con Charlotte. "Yo también tengo que compartir las emociones que me invaden cuando escucho a las víctimas. Es difícil llevar sola esta carga. Imagínese, recibo de cinco a diez víctimas por día. La mayoría de ellas son mujeres, pero también hay jovencitas, niñas de cinco o seis años. Soy madre de seis niños, y esos casos son los que más me marcan. Muchas veces tengo ganas de llorar, pero tengo que mantener la sonrisa delante de estas personas que vienen en busca de fuerza y esperanza."

"Estoy orgullosa de hacer este trabajo, a pesar de toda la angustia que me causa. La capacitación que me ha dado el CICR también me ha permitido conocer mis derechos como mujer y reivindicarlos en mi propia casa. Si las mujeres logramos cambiar la mentalidad de nuestros hombres, el número de casos de violencia sexual será menor en República Democrática del Congo."



(*) nombre de fantasía

©ICRC/O. Miltcheva
Charlotte en la entrada de la casa de escucha de Kibati I, Kanyarutsinya.
©ICRC/O. Miltcheva
Una víctima de violencia sexual conversa con Charlotte y otro asistente psicosocial.
  • El CICR, que presta asistencia a las casas de escucha desde 2005, actualmente apoya a 34 casas de escucha en Kivu Norte y Kivu Sur.


  • En esas estructuras, administradas por asociaciones locales, asistentes psicosociales escuchan y orientan a las víctimas, actúan como mediadores entre éstas y sus familiares y realizan campañas de sensibilización en la comunidad para evitar el rechazo y la estigmatización.


  • Las casas de escucha atienden mayoritariamente a mujeres, pero cada vez más hombres también llegan a pedir ayuda.


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    8-12-2008