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20-12-2007  Entrevista  
Violencia sexual en la República Democrática del Congo: las víctimas en el banquillo
Desde hace diez años, los grupos armados que operan en la República Democrática del Congo (RDC) cometen con frecuencia violaciones y agresiones sexuales. Últimamente, estos actos de violencia también son perpetrados por personas civiles y ex combatientes. En la mayoría de los casos, estos delitos quedan impunes. Nancy Baudoin, de regreso de una misión en la RDC como delegada psicosocial, explica las actividades que despliega el CICR para ayudar a las víctimas.

¿Qué programas lleva adelante el CICR a fin de prevenir los actos de violencia sexual y prestar apoyo a las víctimas?

Además de realizar sus actividades tradicionales, destinadas a proteger a las personas contra abusos graves como masacres, saqueos, asesinatos y violaciones, el CICR cuenta, en la RDC, con programas específicamente destinados a proporcionar asistencia integral a las víctimas de la violencia sexual. Los equipos multidisciplinarios de la Institución ofrecen atención médica, facilitan la reintegración psicosocial y llevan a cabo campañas de prevención centradas en la comunidad. Además, para 2008, el CICR se propone poner en práctica un programa de apoyo económico.

El CICR actúa principalmente a través de las asociaciones locales que ayudan a las víctimas de violaciones, impartiendo formación a las voluntarias a fin de permitirles identificar, escuchar y asesorar mejor a las víctimas, y proporcionando ayuda material a establecimientos como las "casas de escucha".

¿Qué son las casas de escucha y cómo funcionan?

Las casas de escucha son refugios destinados a las víctimas de la violencia sexual, que funcionan bajo la dirección de voluntarias de asociaciones locales y ofrecen un espacio donde las víctimas pueden hablar en forma confidencial y privada sobre lo que les sucedió. Las casas de escucha también ofrecen alojamiento por el tiempo necesario -a veces semanas o incluso meses- a muchachas y mujeres rechazadas por sus familiares o maridos a raíz de haber sido violadas. La mayoría de estos refugios están deteriorados y para dormir, sólo cuentan con esteras o camas hechas de hojas de banano.

En estos refugios, conocí a numerosas mujeres y niñas que venían a hablar sobre sus padecimientos, pedir consejo y descansar. Muchas llegan acongojadas, agotadas y hambrientas; algunas han caminado días y días hasta alcanzar el refugio, y están quebrantadas tanto física como emocionalmente.

En cuanto llegan al refugio, las víctimas de la violencia sexual son derivadas a un centro sanitario donde reciben tratamiento (véase la entrevista a Amalia Larralde, enfermera del CICR). Las voluntarias hacen grandes esfuerzos por responder a las necesidades básicas de estas personas: alimentan a las que tienen hambre y proporcionan ropa a las que vienen con los vestidos hechos jirones. Las voluntarias son tan solidarias que, a veces, utilizan sus propios recursos, casi siempre muy escasos, para ayudar a las víctimas. Recuerdo a una voluntaria que, con la tradicional solidaridad y generosidad congoleñas, compartió la batata que guardaba para sus cuatro hijos con una mujer que acababa de llegar al refugio.

¿Qué sucede con los niños nacidos como consecuencia de una violación?

Algunos bebés nacidos tras una violación son rechazados. El rechazo puede ser total y brutal, y llegar al infanticidio. En otros casos, los bebés son abandonados o maltratados por las madres, pues les recuerdan la agresión y las desdichas sufridas. Pero, en la mayoría de los casos de rechazo que conocí o que me informaron, el bebé fue estigmatizado no por su madre, sino por el marido o por la familia de la madre.

La identidad del violador suele ser un factor determinante del rechazo, sobre todo si se trata de una persona ajena a la comunidad o, lo que es peor, si se lo percibe como un enemigo.

¿Qué puede hacerse para luchar contra el rechazo o la estigmatización de las víctimas de violaciones?

Las campañas de sensibilización en las comunidades afectadas pueden ayudar a prevenir el rechazo y la estigmatización. Sin embargo, se avanza con lentitud y los resultados inmediatos son pocos: para convencer a la gente de que las víctimas no son culpables, hace falta cambiar la mentalidad y romper viejos tabúes y prejuicios. A fin de potenciar los efectos de las campañas, procuramos obtener la participación de miembros influyentes de la comunidad.

Como parte de esta actividad, el CICR ha producido un vídeo destinado a las regiones más afectadas por la violencia. En él, se muestra una obra de teatro que encara diversas cuestiones relacionadas con la violación, como el peligro de que las violaciones se generalicen, la estigmatización y el rechazo de las víctimas y sus hijos, y los riesgos sanitarios relacionados con la violencia sexual.

A menudo, las víctimas de agresiones sexuales piden a las voluntarias que trabajan en los refugios que intervengan ante sus familiares. Las voluntarias actúan como mediadoras entre víctimas y parientes, y a veces obtienen resultados alentadores. Las voluntarias que reciben una formación apropiada tienen mejores probabilidades de alcanzar buenos resultados. En agosto y septiembre de 2007, se impartió formación de este tipo a 60 voluntarias.

¿Se otorga a las víctimas de violación ayuda económica a fin de facilitar su reinserción en la sociedad?

Muchas víctimas de violencia sexual, rechazadas por sus familiares y comunidades, están solas con sus hijos; no pueden ganarse la vida ni acceder al mercado laboral.

A fin de superar sus traumas y gozar de una vida digna, estas mujeres necesitan contar con una fuente de ingresos seguros. A partir de 2008, el CICR proporcionará apoyo económico a microproyectos destinados a ayudar a las víctimas, que llevarán a cabo las agrupaciones locales socias de la Institución.

La mayoría de los microproyectos son dirigidos por los refugios y responden a las condiciones económicas locales; se trata de proyectos agrícolas y ganaderos y de pequeñas empresas comerciales, y sus beneficiarios serán tanto las víctimas de la violencia sexual como otras personas vulnerables, entre ellas los pobres y los impedidos.

¿Hubo algún caso que la impresionó en particular?

Es difícil evocar un solo caso; me vienen a la mente muchos rostros e historias...

Recuerdo a una niña de once años que logró escapar de su agresor de 18 años, a la que se reprochó su coraje y su suerte. Como las mujeres son culpables por definición, fue rechazada por toda la comunidad, por considerarla "enemiga de los hombres".

También recuerdo a las numerosas mujeres que, desesperadas por regresar con su marido o familiares, pedían perdón una y otra vez por el hecho de haber sido víctimas.

Por último, me impresionó profundamente la solidaridad y la perseverancia de las voluntarias que trabajan desde hace años en los refugios, en zonas peligrosas y en condiciones precarias, para ayudar a las "mamás violadas", y agradezco enormemente la lección de humanidad que recibí de ellas.

Vea también el informe especial (en inglés) sobre la violencia sexual en la RDC, que incluye la historia de dos mujeres.
©ICRC/ W. Lembryk / cd-e-00431
©ICRC/ W. Lembryk / cd-e-00431
Cerca del hospital de Panzi, en Bukavu.
©ICRC/ W. Lembryk / cd-e-00440
La clínica Cepac Cashero, en Goma.
©ICRC/ W. Lembryk / cd-e-00432
El hospital de Panzi, en Bukavu. Una víctima de la violencia sexual, con su hijo.
Folleto publicado por la delegación del CICR en la RDC.
pdf fileBrochure

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20-12-2007