IV - Empleos históricos de las minas
46. En la práctica, es difícil tener pruebas de una estricta y sistemática aplicación de las restricciones o de los códigos de conducta donde se utilizan minas, a pesar de la intención inicial de muchos protagonistas. Haciendo el presente estudio se llevó a cabo una concienzuda investigación de los documentos a disposición del público en importantes bibliotecas militares [38]. Fundándose en los resultados de dicha investigación y de las consultas con oficiales militares en una docena de países, se comprueba que los analistas o los historiadores militares no han considerado las minas, en particular, las minas AP, como armas cuyos efectos y eficacia merezcan ser estudiados o debatidos a fondo.
47. Aunque el hecho de que se sigan utilizando las minas terrestres AP se justifica por la creencia de que pueden emplearse "correctamente", la documentación histórica a disposición del público no corrobora este argumento. Por el contrario, las pruebas existentes demuestran que el empleo de minas ha sido, las más de las veces, "incorrecto", sea deliberadamente o por negligencia sea por la imposibilidad de atenerse a las normas específicas en el encono de la batalla. Tal documentación tampoco aporta una evidencia analítica de la utilidad militar de las minas AP en un conflicto real.
48. La evaluación que figura a continuación es una revisión inicial de la información a disposición del público acerca del empleo de minas en los conflictos registrados desde 1940:
a. Segunda Guerra Mundial - Egipto y Libia, 1942. Aunque la campaña de la Segunda Guerra Mundial en África del Norte tuvo lugar mucho antes de la aprobación de la CAC, muchos de los ejércitos contendientes se guiaban por códigos de conducta según los cuales se requería el señalamiento y el registro de datos de los campos minados, principalmente para su propia seguridad. A fin de paliar la falta de obstáculos naturales en los desiertos egipcio y libio, se hizo un uso asombroso de los campos de minas previamente planeados, considerados indispensables para las posiciones defendidas 39. Como resultado, se señalaron muchos de los campos de minas más extensos; pero, durante el desconcierto de la guerra, desaparecieron muchos de estos señalamientos. Las fuerzas principales declararon que habían transmitido sus mapas de zonas minadas 40; sin embargo, no estaban obligadas a retirar las minas una vez finalizada la guerra. En el período de la exploración petrolífera en Libia, se organizaron algunas operaciones de remoción de minas por contrato, aunque no se abarcaba toda la zona de combates. Es muy probable que haya desaparecido la mayoría de los registros de datos de los campos de minas [41], que las minas hayan cambiado de emplazamiento a causa del movimiento de la arena y que, si aún hay algún mapa ya no se corresponderá con la realidad. Estos campos minados siguen siendo un peligro en Egipto y en Libia.
b. Segunda Guerra Mundial - Europa. Aunque las campañas en Europa tuvieron lugar antes de 1942, no se recurrió a un empleo masivo de minas hasta que se desencadenó la guerra en el frente oriental, durante la retirada final de las fuerzas alemanas e italianas tras su derrota en Rusia e Italia y durante la liberación de Francia. Todos los ejércitos emplearon minas masivamente con el resultado de que, en 1996, siguen emprendiéndose operaciones de desminado en países como los Países Bajos y Eslovaquia [42]. En Francia, algunas zonas son aún inutilizables debido a la presencia de minas no retiradas. Dada la índole del conflicto, cabe suponer que gran cantidad de las minas utilizadas era del tipo contracarro. Sin embargo, en la documentación consultada no figura estudio alguno sobre el valor adicional de las minas AP en las campañas bélicas de la Segunda Guerra Mundial. Hay algunas pruebas relativas a batallas en Italia en las que el empleo de estas armas limitó las maniobras tácticas e infligió pérdidas a las fuerzas aliadas [43].
c. Operación de la ONU en Corea, 1951-1953. En este conflicto, las fuerzas estadounidenses, canadienses, británicas, australianas, neozelandesas, turcas, chinas, nor y surcoreanas, todas sin excepción emplearon esencialmente minas AP, habida cuenta de la preponderancia de la infantería norcoreana y china y del poco elevado número de tanques. Sin embargo, se registró la presencia de algunas minas contracarro [44]. De estos campos de minas se obtuvieron resultados combinados. Consideradas por las fuerzas [45] de la ONU como una parte esencial de las posiciones defensivas, las zonas minadas se convirtieron en un lastre cuando fue necesario limpiarlas [46], debido a los cambios tácticos, y en un peligro para las tropas tanto aliadas como adversarias. En un incidente, las fuerzas australianas perdieron a 50 hombres cuando "penetraron involuntariamente en un campo de minas no señalado ni registrado que los canadienses habían sembrado en torno a un puesto periférico" [47].
El señalamiento de los campos de minas se vio considerablemente afectado como consecuencia de los bombardeos de la artillería china y de las lluvias torrenciales, por no hablar de la constante carga que suponía la reparación de cercados donde se habían instalado [48]. Cabe dudar de que, tras el repliegue, se haya mantenido el señalamiento de los campos de minas. No todos los mapas de las zonas minadas eran precisos y es probable que los transmitidos a las autoridades nor y surcoreanas después de la guerra fueran incompletos. Los chinos emplearon con regularidad como fuente de abastecimiento de minas y explosivos, los campos de minas AP sembrados por las fuerzas de la ONU [49].
d. Indochina y Vietnam, 1958-1968. Las minas se emplearon en todas las fases de las guerras en Indochina. Inicialmente colocadas a mano por las fuerzas francesas, se diseminaron posteriormente desde aeronaves de la fuerza aérea estadounidense, con objeto de apoyar a las tropas terrestres. Se dispusieron frecuentemente cinturones de minas y de armas trampa para sitiar poblados del Vietcong [50]; se protegieron también con minas las posiciones estadounidenses [51]. Las fortificaciones de los franceses en Dien Bien Phu carecían de suficientes cantidades de minas por motivos de tiempo y de transporte; se disponía solamente de 23 toneladas de minas y explosivos [52].
Se evidenció que las minas eran una dudosa ventaja: las fuerzas del Vietcong robaron minas y municiones de los campos y depósitos estadounidenses y las utilizaron contra sus adversarios. El ejército y los cuerpos de la marina de los Estados Unidos perdieron a muchos hombres a causa de las minas terrestres, muchas de las cuales eran probablemente de origen estadounidense [53]. Ninguna de las fuerzas francesas, norvietnamitas, survietnamitas, estadounidenses o australianas llevaban registros completos de sus campos de minas, particularmente de las minas lanzadas desde aeronaves. Por lo general, no se marcó el emplazamiento de las minas, sobre todo las numerosas toneladas de minas y submuniciones diseminadas en la pista Ho Chi Minh en Vietnam, en Camboya y en Laos. No hay pruebas de que algún ejército concernido intentara el cese del empleo indiscriminado de minas AP.
e. Guerras indo-pakistaníes 1947-1948, 1965, 1971 [54]. La guerra de minas que se libraron las partes implicadas en los conflictos indo-pakistaníes fue casi única por la manera en que se condujo. Durante la guerra de 1947-1948 en Jammu y Cachemira, fueron colocadas muy pocas minas para proteger ciertas instalaciones. En el período de prolongada propaganda bélica de 1965, las dos partes sembraron campos de minas principalmente en las llanuras. En la guerra de 1971, se diseminaron muy pocas minas, a causa del movedizo terreno ribereño. En los tres casos, dirigieron la guerra de minas equipos muy bien entrenados y disciplinados.
Las guerras propiamente dichas tenían objetivos limitados, fueron de corta duración y bastante estáticas. Ambas partes llevaban un meticuloso registro de los campos minados y pusieron a disposición los respectivos mapas después del conflicto, posibilitando así una pronta remoción de las minas y una rápida reanudación de las actividades agrícolas de producción tras el cese de las hostilidades. Cabe resaltar que los más de los campos de minas eran tierras cultivables de gran valor para ambos países, a lo cual éstos prestaron particular atención. Gracias a la disciplinada forma en que las minas fueron colocadas y retiradas, se registraron realmente muy pocas víctimas entre la población civil, aunque hubo algunas bajas entre el personal desminador. La contribución de estos campos de minas al desenlace final del conflicto fue marginal.
f. Guerra entre China y la India, 1962. Al comienzo de la guerra no había cartografía previa de los campos de minas; pero, a medida que progresaba el conflicto, se sembraron algunos en zonas montañosas. Esto planteó no pocos problemas, dado que las minas AP no surten efectos si hay nieve y, peor aun, se deslizaron pendiente abajo, a pesar de estar sujetas, a causa de precipitaciones y de aludes. Cartografíar resultaba ser tarea sumamente ardua e ineficaz.
g. Rodesia-Zimbabue, 1963, 1974-1980 [5]. Al obtener su independencia en 1980, Zimbabue heredó más de 1.500.000 minas AP, diseminadas en 8 campos a lo largo de 766 km. de sus fronteras con Zambia y Mozambique. El primero fue sembrado antes de 1963 por el Gobierno federal de Rodesia en torno a la central eléctrica de Kariba, tras una disputa por el control de las instalaciones con el incipiente gobierno nacionalista en el norte de Rodesia (actual Zambia). El objetivo de los otros campos minados era servir de barrera contra la infiltración de la guerrilla durante la guerra de liberación, iniciada en 1974. Su superficie abarcaba desde los parques nacionales al oeste de las cataratas de Victoria hasta Mlibizi y desde Kanyemba, a lo largo de la frontera mozambiqueña, hasta cerca de la frontera con Sudáfrica.
A finales de la guerra civil, la colocación de minas resultó ser muy caótica. En la región del nordeste de Mutare, ante la frustración causada porque los 359 km. de superficie minada no lograban impedir la infiltración de los grupos de guerrilla (equipos de remoción con palas), los reservistas de la policía decidieron intercalar armas trampa entre las minas. Con el tiempo, cada escuadrón de ingenieros del ejército desarrolló sus propios métodos de guerra de minas de tal manera que era imposible para un escuadrón entrar con toda seguridad en el campo de minas del otro. Cuando se dispuso la primera zona minada en 1975, se cubrió con vigilancia y recurriendo a las armas; pero, dado que en la práctica esto no podía mantenerse en toda la zona, esta táctica se abandonó al cabo de unos meses, sin que se lograra finalmente evitar la infiltración. Tras haber reexaminado la experiencia de Rodesia en cuanto a la guerra de minas y numerosos otros estudios al respecto, una autoridad concluyó que "la guerra de minas en Rodesia funcionó sencillamente al margen de la estrategia nacional y, por lo tanto, tuvo un impacto desdeñable en el desarrollo global de la guerra" [56]. Desde 1980, se ha limpiado solo el 10% de los campos minados. De los que quedan, el 87% está a lo largo de zonas habitadas, dado que la estrategia de Rodesia consistía en utilizar estas barreras para establecer una separación entre los insurgentes que podían infiltrarse y estas comunidades de base. Los habitantes de las comunidades circundantes han quitado todos los cercados y signos de advertencia que previamente señalaban los campos de minas. Como consecuencia, desde 1980, más de 66 personas, en su mayoría campesinos, han muerto y se calcula que otras 402 han sido mutiladas por las minas AP. En el mismo período, también se han perdido unas 9.000 cabezas de ganado y un número desconocido de otras reses, que con frecuencia representan los ahorros de toda una vida para el campesinado [57]. Hasta el presente, los intentos coordinados por el Gobierno han resultado ser ampliamente insuficientes con respecto a la magnitud del problema de las minas.
h. Sudáfrica y Estados vecinos, década de 1960-1994 [58]. Se emplearon minas, sobre todo minas AP, en los conflictos entre Sudáfrica y las fuerzas insurgentes en los países vecinos, en el marco de la lucha contra el apartheid y por la independencia de Namibia. Se ha dicho que las minas utilizadas por las Fuerzas de Defensa Sudafricanas (FDSA) se sembraron en zonas cercadas y señaladas en torno a los campamentos y a las instalaciones militares. Las empleadas por los insurgentes fueron diseminadas de manera más azarosa, con objeto de hostigar o limitar la movilidad de las FDSA.
A pesar de las estrictas precauciones tomadas, el mantenimiento de los campos de minas por las FDSA en las zonas limítrofes de sus campamentos resultó ser difícil y peligroso. Tal mantenimiento era necesario, porque las minas se movían a causa de los efectos climáticos y porque, por razones de higiene, había que evacuar los cadáveres de animales que con frecuencia penetraban en los campos de minas. Sin embargo, los propios soldados encargados del mantenimiento eran víctimas de accidentes no solo porque intentaban simplificar el procedimiento, sino también porque precisamente las minas ya no estaban en el mismo lugar. Algunas minas AP se desplazaron con el tiempo hasta 30 cm; otras se desprendieron y fueron vistas flotando a causa de lluvias torrenciales.
A sabiendas de los costos y de las dificultades para colocar y mantener un campo de minas, las FDSA decidieron abandonar, en 1988, los planes de sembrar un campo de minas con fines de protección de solo 30 km. de longitud, en el norte de Namibia. Según los planes originales, se habría establecido una barrera, combinando campos de minas (AP y contracarro) y zanjas contracarro, con objeto de retrasar un posible ataque de una fuerza cubana contra dos ciudades en el norte de Namibia. El personal ingeniero convenció al mando para que descartara el plan por las siguientes razones: habría requerido un gran número de regimientos de ingeniería de combate y meses para llevar a cabo la operación; el costo habría sido elevado en términos de horas-hombre, máquina y material; habría sido necesaria una constante vigilancia para cubrir el cinturón de obstáculos y el fuego de armas habría sido casi imposible; y, por último, su mantenimiento habría requerido una numerosa fuerza y millones de rands. Desde un punto de vista táctico, era poco probable que la realización del plan hubiera resultado eficaz, porque el terreno era plano sin forma alguna de obstáculo natural. Por consiguiente, una fuerza adversaria podía obviar el cinturón de obstáculos con relativa facilidad en un lapso de aproximadamente 30 minutos. En este caso, lo más sensato eran las alternativas de buena información, alerta temprana y óptimo estado de preparación.
i. Conflictos internos en Filipinas, 1945-hasta la fecha. Desde finales de la Segunda Guerra Mundial, las Fuerzas Armadas de Filipinas (FAF) han estado implicadas en los conflictos internos contra diversos grupos separatistas comunistas y musulmanes. Estos grupos han aplicado tácticas clásicas de insurgencia móvil en las zonas de selva, incluido el hostigamiento de poblados. Aunque los insurgentes han empleado contras las FAF tanto las minas improvisadas como las vendidas en el comercio, el Gobierno no autoriza el empleo de minas AP, e incluso se han empezado a eliminar de los arsenales y a destruir las minas Claymore M18A1 [59]. Políticamente, Filipinas considera que el empleo de minas AP no se aviene con su objetivo de "granjearse el corazón y la mente" de la población local.
Dado que la movilidad es un elemento esencial de las operaciones antisubversivas de las FAF, se consideraba que las minas AP tienen escaso valor. Sin embargo, estas fuerzas se fundan en una precisa información, en la configuración natural del terreno, en las barreras como alambradas, pozos de disparo y trincheras. Además, se emplean municiones direccionales de fragmentación con detonación a distancia.
j. Guerras árabo-israelíes, 1967 y 1973. Los ejércitos israelí, egipcio y sirio sembraron campos de minas en las respectivas fronteras. Ambos bandos colocaron muchas minas en el Sinaí; y aunque el ejército israelí facilitó aparentemente todos los mapas de los campos de minas, se siguieron registrando bajas entre los soldados egipcios e israelíes tras el alto el fuego. Las Fuerzas de las Naciones Unidas para la Observación de la Separación (FNUOS) también registraron pérdidas en sus filas, a pesar de haber realizado sus propias operaciones de remoción de minas [60]. En 1992, se conocía la mayoría de los campos de minas en la parte siria de los Altos del Golán cerca de las posiciones de las FNUOS, aunque muchos campos no estaban señalados y estaban mal cercados [61]. Las tropas israelíes retiraron muchas, pero no todas las minas por ellos diseminadas [62].
Tras un importante estudio sobre las guerras árabo-israelíes, se concluyó que los campos de minas fijos con fines defensivos son eficaces siempre y cuando haya una vigilancia y un adecuado mantenimiento. De todos modos, se consideran menos útiles para perturbar los avances del enemigo que las barreras, profundas o elevadas [63].
k. Chad, 1973-1994 [64]. Las fuerzas invasoras libias dejaron un reguero de minas AP y contracarro en la franja de Aozú, en el norte de Chad. Algunas fueron colocadas según un plan definido mientras que otras lo fueron de manera totalmente desordenada, las mas de las veces en tierras de cultivo. Los campos de minas no fueron señalados ni cercados; tampoco se facilitaron mapas al Gobierno chadiano tras el cese de las hostilidades.
l. Angola, 1975-hasta la fecha. Han colocado minas el ejército cubano, el ejército angoleño, UNITA y el ejército sudafricano. Durante el conflicto, se señalaron o se cartografiaron con precisión contadísimos campos de minas. Se han empleado sin escrúpulos tanto minas AP como contracarro; se han minado los caminos para impedir el acceso al centro del país, así como las pistas de aterrizaje y las vías férreas. A lo largo del conflicto se minaron y se reminaron las mismas zonas: hoy se reconoce que algunas ciudades importantes están rodeadas de minas dispuestas en círculos concéntricos. Tras los acuerdos de paz de Bicesse en 1991, las partes efectuaron algunas operaciones de remoción, pero ha habido poca actividad de desminado desde los acuerdos de paz de Lusaka, en noviembre de 1994. Angola es probablemente en la actualidad el país más infestado de minas de África, con una proporción de amputados que lo sitúa en segundo lugar, después de Camboya [65].
m. Mozambique 1976-1993 [66]. Las minas fueron inicialmente colocadas por el ejército portugués y, después, por FRELIMO y RENAMO, así como por los ejércitos y las fuerzas especiales de Sudáfrica y Rodesia. Ninguna de las partes implicadas señaló o cartografió sus zonas minadas, cuyos datos, en algunos casos, ni siquiera fueron registrados. Al parecer, FRELIMO levantó mapas, pero no los transmitió a la sede de remoción de las Naciones Unidas. No se encontró señalamiento alguno de campos de minas.
El ejército nacional de Zimbabue (ENZ) desplegó tropas en Mozambique, en apoyo de las fuerzas de FRELIMO, para vigilar el pasillo de Beira y su pista, el oleoducto y la vía férrea, saboteados en repetidas ocasiones por RENAMO en 1983-1984 hasta la firma del tratado de Roma, el año 1992. Durante el conflicto, RENAMO recurrió libremente al empleo de minas contra las instalaciones y las pistas utilizadas por el ENZ. Éste basó su estrategia de combate en el patrulleo agresivo y las emboscadas, así como en el despliegue de fuerzas de contraataque terrestres y aéreas, pero no empleó minas AP. Esto es tanto más significativo cuanto que gran parte de las fuerzas del ENZ habían estado en las filas de los insurgentes y habían empleado estas minas contra las fuerzas de seguridad rodesianas antes de la independencia en 1980.
n. Camboya, 1978-hasta la fecha. Ninguna de las facciones contendientes en Camboya ha cartografiado ni señalado debidamente los campos de minas, lo que implica que cuando se inició la remoción de minas no se disponía de mapa alguno. Las partes tampoco han intentado siquiera controlar la diseminación de minas, muchas de las cuales han sido colocadas para controlar a la población [67]. El empleo de minas contra la vida y los bienes de la población civil ha sido una táctica sistemática de los jemeres rojos. Los llamamientos del Gobierno en favor de una prohibición de las minas terrestres y de la destrucción de los arsenales de estas armas han coincidido con el reminado de zonas laboriosamente limpiadas por organizaciones humanitarias [68]. A pesar de la reciente restauración de la paz, al parecer tanto el Gobierno como los jemeres rojos han seguido minando [69]. Según informaciones, el número de bajas aumentó en 1994 con respecto a 1991 y Camboya tiene el triste récord de ser el país con el mayor número de amputados en proporción con su población. Hasta la fecha, los jemeres rojos han hecho todo lo posible por impedir que los equipos de evaluación de las Naciones Unidas y del Gobierno camboyano comprueben el nivel de contaminación en las zonas que se encuentran bajo control suyo [70].
o. Afganistán, 1979-hasta la fecha. El ejército soviético, el ejército afgano y muchas facciones de los muyahidines colocaron profusamente minas AP, sin contar las innumerables minas AP ligeras lanzadas desde aeronaves contra diversos poblados. Como consecuencia, Afganistán es, junto con Camboya y Angola, uno de los países más minados del mundo [71]. Aunque los soviéticos adujeron que habían señalado y cartografiado inicialmente los campos de minas, los mapas de estos campos eran cada vez más inexactos debido, en parte, al "sobreminado" efectuado por las diferentes facciones. El empleo indiscriminado de minas por todas las partes implicadas hacía que los mapas no fueran de gran utilidad [72]. Fueron minadas casi toda la infraestructura nacional y gran parte de las tierras de cultivo. Hay también extensos campos de minas a lo largo de las fronteras con Pakistán e Irán [73].
Se colocaron más de 30 tipos de minas, procedentes de 6 países diferentes, incluidas las minas AP "Papagayos Verdes" esparcibles desde aeronaves (de fabricación soviética, PFM-1) y las minas saltadoras conectadas a detectores sísmicos. Rara vez se emplearon las minas contracarro, porque los muyahidines perfeccionaron un sistema de trampas basado en minas contracarro para hacer volar los tanques provistos de rodillos desminadores [74]. Tampoco se señalaron adecuadamente los campos de minas, con el resultado de que, tras la retirada del ejército soviético, la afluencia de refugiados dio lugar a un escalofriante número de víctimas. Se facilitaron al Gobierno afgano algunos mapas de campos minados cuando se retiró el ejército soviético, pero muy pocos sirven por lo imprecisos que son para las operaciones de remoción, y quedan aún muchos campos de minas no señalados [75].
p. Guerra entre Irak e Irán, 1980-1989. Durante la guerra entre Irak e Irán, ambas partes emplearon minas sin restricción. Probablemente el empleo más masivo tuvo lugar en Kurdistán, escenario de numerosos ataques en gran escala por el ejército iraní contra posiciones atrincheradas, muy minadas y sumamente fortificadas. A veces, se efectuaban incursiones en los campos de minas, utilizando, en ausencia de medios modernos, a "mártires", incluidos niños, que se aventuraban a través de los campos para abrir paso a las fuerzas profesionales. Las bajas registradas entonces se consideraban aceptables. Las partes señalaban o cartografiaban muy limitadamente los campos de minas, que tampoco fueron limpiados excepto por organizaciones voluntarias. Las minas dejadas desde la guerra entre Irak e Irán en Kurdistán se han añadido desde entonces a las del Gobierno irakí, como deliberado acto de hostigamiento contra la población civil [76].
q. El Salvador, 1980-1991. El FMLN sembró grandes cantidades de minas y armas-trampa de fabricación artesanal sin señalar ni cartografiar su emplazamiento; pero tras las hostilidades, cooperó con el Gobierno y con las Naciones Unidas en la labor de remoción. A menudo eran los propios minadores quienes estaban presentes durante el desminado [77].
r. Islas Falkland/Malvinas, 1983. Las fuerzas argentinas colocaron masivamente minas AP y contracarro; lanzaron algunas desde aeronaves. Muchos campos de minas no fueron señalados ni cartografiados. Los intentos de retirar las minas fueron abandonados a causa de las bajas sufridas por el grupo de remoción. Las extensiones de tierras más contaminadas deberían haberse delimitado para el desminado, pensando en que se dispondría de un método de detección más perfeccionado. Sin embargo, el Gobierno argentino ha comenzado a trazar un programa de remoción de minas para algunas zonas afectadas. Las fuerzas británicas sembraron una pequeña cantidad de minas en terrenos que fueron cartografiados; fueron retiradas tras el conflicto [78].
s. Somalia, 1985-1991. Los principales campos de minas fueron sembrados por las fuerzas de Siad Barre. Los correspondientes mapas son casi inutilizables para efectos de remoción y los campos de minas quedaron sin señalar. Las minas se emplearon masivamente para hostigar a la población civil y las diversas partes las utilizaron para propiciar enfrentamientos entre clanes y facciones [79].
t. Liberia, 1989-hasta la fecha. El FPNL colocó, en un principio, un limitado número de minas contracarro cuyos objetivos eran las fuerzas gubernamentales y las fuerzas de mantenimiento de la paz del ECOMOG. Cabe suponer que se ha seguido minando en las fases más recientes del conflicto en Liberia. Durante una misión de reconocimiento de las Naciones Unidas, en 1993, se comprobó que no había ni señalamiento ni mapas de las zonas minadas [80].
u. Ruanda, 1989-hasta la fecha [81]. Entre el genocidio de abril-junio de 1994 y la expulsión de las fuerzas gubernamentales, éstas emplearon minas AP, minas contracarro y armas-trampa contra el Frente Patriótico Ruandés en una franja muy bien delimitada en el norte del país, que pasó a ser posteriormente la proyectada zona desmilitarizada. Se registraron los datos de algunos campos de minas, que se pusieron a disposición de las Naciones Unidas, pero eran incompletos. Durante la retirada de las fuerzas hutus a Zaire, se enterraron desordenadamente minas AP en el frente de los emplazamientos defendidos, muchos de los cuales eran ciudades como Ruhengeri y Kigali; no fueron señalados y los correspondientes datos no fueron registrados.
v. Croacia, 1991-1995. Durante los conflictos entre Croacia y la República Federal de Yugoslavia y entre las fuerzas croatas y los serbio-bosnios, se colocaron muchas minas AP y contracarro en Croacia [82], a lo largo de las fronteras y de las líneas del frente, pero se descubrieron también algunos campos de minas aislados fuera de esas zonas. Cabe observar que la existencia de dichos campos de minas no prestaron (o prestaron escasa) protección a las fuerzas serbias en Krajina, cuando el ejército croata decidió, en agosto de 1995, desplazarse a esa región. No había un señalamiento significativo de las zonas minadas, pero hubo algunos intentos de remoción. Los mapas mostrados a las Nacionales Unidas eran incompletos y su calidad no era buena; recientemente se han puesto a disposición otros mapas mejores. Croacia convino en transmitir a las Naciones Unidas todos los mapas de campos de minas [83]. Croacia es parte en el Protocolo sobre minas terrestres de la CAC.
w. Operación Tormenta del Desierto, 1992. Las posiciones defensivas irakíes tras la captura de Kuwait incluían unos 9 millones de minas, diseminadas en las playas hacia el este y en cinturones minados con fines de protección hacia el sur y el oeste. En esos cinturones se combinaron, sobre todo, minas AP y contracarro. La mayoría de las minas fue sembrada según pautas y en la superficie, pero la arena no tardó en cubrirlas parcial o totalmente. Las fuerzas de la coalición levantaron mapas relativamente precisos de los campos de minas irakíes que luego fueron remitidos al Gobierno kuwaití. A pesar del empleo masivo de minas contra ellas, las fuerzas de la coalición, equipadas con modernas técnicas de apertura de brechas y dotadas de gran movilidad, se demoraron muy poco en su avance hacia Kuwait, una vez iniciada la guerra terrestre [84].
x. Bosnia-Herzegovina, 1992-1995. Los años de conflicto en Bosnia-Herzegovina han dejado tras sí una alarmante contaminación; se calcula que hay de 3 a 6 millones de minas no retiradas, incluidas algunas sofisticadas minas AP. Todas las partes en el conflicto emplearon minas, de las cuales la mayoría de fabricación ex yugoslava y esencialmente de plástico. Había algunos mapas y los facilitados por la Federación de Bosnia-Herzegovina se integraron en la base de datos constituida bajo la dirección de FPRONU. Esta base de datos se comparte actualmente con la OTAN (IFOR), que la ha actualizado fundándose en los mapas puestos a disposición en el marco del Acuerdo de Dayton. Aunque se señalaron adecuadamente solo unos pocos campos de minas, el número de bajas entre las personas civiles se ha mantenido artificialmente bajo, dado que no hay refugiados que regresan. Grupos militares han emprendido algunas operaciones de remoción, pero se ha registrado un elevado número de muertes entre los desminadores. Cabe recordar que Bosnia-Herzegovina es parte en el Protocolo sobre minas terrestres de la CAC [85].
y. Georgia, 1993-1994. Se sembraron minas a lo largo de la frontera entre la zona controlada por el ejército georgiano y la zona ocupada por los separatistas abjazios. Según se sabe, no se señalaron esas zonas minadas y tal vez no fueron cartografiadas totalmente.
z. Ecuador-Perú, 1995. En el transcurso del breve conflicto desencadenado, en 1995, entre Ecuador y Perú, que duró solamente un mes, se esparcieron decenas de miles de minas en las zonas fronterizas entre ambos países. Tras el cese de las hostilidades, se retiró gran cantidad de ellas. Sin embargo, hasta la fecha, dada la ausencia de un acuerdo fronterizo entre las dos partes o porque no ha sido designado un equipo de desminadores aceptable para ambas partes, se calcula que quedan todavía en el territorio disputado unas 6.000 minas, muchas de ellas en un remoto territorio de bosque tropical; son peligrosas para la población civil residente o que pasa por aquella zona.
49. Aunque es cierto que los ejemplos más arriba citados son incompletos, demuestran que escasean los casos en que las minas han sido empleadas de conformidad con el derecho internacional o, si es que la hay, con una doctrina militar. Por consiguiente, sería desatinado fundar el hecho de que se siguen empleando las minas terrestres en la premisa de que éstas pueden utilizarse de forma legal y responsable. Los hechos históricos evidencian que rara vez lo son tanto por los ejércitos "desarrollados" como por los ejércitos del "Tercer Mundo" o por insurgentes y que no pueden limitarse sus efectos tal como se pretende en doctrina. Los ejemplos más arriba consignados reflejan los efectos reales del empleo de minas AP: un pavoroso legado mundial de la plaga de minas.