Minas antipersonal
29-10-2010 Introducción
Las guerras deberían terminar apenas cesan las hostilidades. Sin embargo, las minas antipersonal siguen causando muertes y lesiones mucho tiempo después de que los conflictos han concluido. Por ello, la comunidad internacional aprobó la Convención de 1977 sobre la prohibición de las minas antipersonal a fin de prohibir categóricamente el empleo de esas armas. A pesar de los avances logrados, quedan todavía muchos retos por abordar, sobre todo en lo relativo a la remoción de minas y a aliviar el sufrimiento de las personas lesionadas.
Las minas antipersonal no distinguen entre civiles y soldados. Continúan causando la muerte y mutilaciones a los civiles mucho tiempo después del cese de las hostilidades. Extensas áreas de tierras valiosas quedan inutilizables, así los medios de sustento. Las comunidades pueden verse afectadas durante décadas después de terminado conflicto armado.
De todos los continentes, África es el más gravemente afectado por las minas antipersonal. Veintidós países sufren ese problema. Todos los países, salvo uno en África Subsahariana, han ratificado la Convención, y el empleo de minas antipersonal se ha vuelto poco frecuente. Pero el legado del pasado sigue causando muchas víctimas por año, sobre todo en las zonas más gravemente afectadas, como Angola y Mozambique.
Los demás continentes no escapan del flagelo. Quince países en Asia están afectados por las minas antipersonal; once en Europa y ocho en América.
La campaña por la prohibición de las minas antipersonal fue una de las mayores iniciativas humanitarias de las últimas tres décadas. El CICR, junto con los Gobiernos y muchos otros organismos, abogó por una prohibición total del empleo, el almacenamiento, la producción y la transferencia de esas armas. En 1997, la comunidad internacional respondió mediante la adopción de la Convención sobre la prohibición de las minas antipersonal. Pero ese fue sólo el comienzo. Era necesario implementar el tratado.
Conforme a esa convención, cada Estado Parte tiene 4 años para destruir sus reservas de minas antipersonal. Hasta hace poco tiempo, el cumplimiento de esa obligación era casi perfecto. En los últimos once años, los Estados informaron de la destrucción de más de 42 millones de minas antipersonal. Antes de la aprobación de la Convención sobre la prohibición de las minas antipersonal, más de 130 Estados poseían ese tipo de armas. Hoy en día, se calcula que sólo unos 40 Estados siguen teniendo reservas de minas antipersonal. En la actualidad, el cumplimiento de la obligación de destruir las reservas es uno de los principales retos del tratado. Los cuatro Estados que todavía tienen reservas para destruir no han procedido a la destrucción, y sus plazos no prolongables ya se han cumplido (Belarús, Grecia y Turquía, cuyo plazo se venció en 2008, y Ucrania, cuyo plazo se venció en 2010). Juntos, esos cuatro Estados poseen más de doce millones de minas antipersonal.
La remoción de minas presentó un problema especial, dada la magnitud de la tarea. Sin embargo, la Convención establece objetivos claros, y otorga diez años a cada país para que limpie su territorio. Dieciséis Estados Partes han cumplido a tiempo su obligación de remoción de las minas. Sin embargo, un buen número de Estados han tenido que pedir una extensión del plazo establecido. No caben dudas de que el cumplimiento de esa obligación es un reto clave para esta Convención.
La Convención también comprometió a los Estados a ayudar a cientos de miles de víctimas de las minas antipersonal, sobre todo en países con escasas facilidades de salud y rehabilitación. Si bien la inclusión del requisito de prestar asistencia a las víctimas fue un logro importante de la Convención sobre la prohibición de las minas antipersonal, los avances en ese ámbito han sido difíciles de concretar y de medir. Aún se debe mejorar la calidad de vida de la mayoría de los sobrevivientes, y brindarles mayor acceso a la atención médica, la rehabilitación física, el apoyo psicológico, los servicios sociales, la educación y el empleo.
Pese a los retos pendientes, la Segunda Conferencia de Examen de la Convención, celebrada en Cartagena, Colombia, en diciembre de 2009, demostró la dinámica y la orientación a los resultados de la Convención sobre la prohibición de las minas antipersonal. La Conferencia abordó seriamente los retos clave y adoptó el Plan de Acción de Cartagena, que contiene fuertes compromisos para mejorar las tareas en los ámbitos de asistencia a las víctimas, destrucción de reservas y remoción de minas.
Más de tres cuartos de los países del mundo se han adherido hasta ahora a la Convención sobre la prohibición de las minas antipersonal, y sus efectos positivos son dignos de destacar por lo que respecta a la destrucción de reservas, remoción de minas y reducción del número de víctimas. Dado el éxito de la Convención, se comenzó a prestar atención a las consecuencias de otras armas después de terminados los conflictos, en particular los restos explosivos de guerra, incluidas las municiones en racimo.


