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24-11-1997 Declaración oficial Fortalecimiento de la coordinación de la asistencia humanitaria de las Naciones Unidas y de socorro en casos de desastre, incluida la asistencia económica especial ASAMBLEA GENERAL DE LAS NACIONES UNIDAS QUINCUAGÉSIMO SEGUNDO PERÍODO ORDINARIO DE SESIONES SESIÓN PLENARIA Punto n° 20 del programa Alocución del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) Nueva York, 24 de noviembre de 1997
Señor Presidente: El Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) sigue, desde años, con gran interés el debate acerca del fortalecimiento de la coordinación de la asistencia humanitaria en situaciones de urgencia, y agradece esta nueva oportunidad para exponer una serie de observaciones al respecto.
Razones fundamentales de la coordinación humanitaria y el enfoque del CICR En primer lugar, desearíamos expresar nuestra convicción de que el fortalecimiento de la coordinación de las operaciones y de las líneas de conducta entre las diferentes organizaciones humanitarias que despliegan actividades de urgencia es esencial para lograr sus objetivos. El CICR se ocupa, en particular, de las situaciones de urgencia provocadas por los conflictos armados y la violencia interna que, con frecuencia, se caracterizan por las ingentes y urgentes necesidades de la población civil y por el fracaso de las instituciones políticas, económicas y civiles. Dichas situaciones requieren que las organizaciones humanitarias armonicen sus actividades y eviten la duplicación de esfuerzos. La coordinación debería permitir dirigir minuciosamente, a largo plazo, el despliegue de actividades de distinta índole, en un entorno a menudo inconstante y rápidamente cambiante. Es esencial para ampliar el impacto de los esfuerzos humanitarios y para garantizar la mejor utilización de los fondos de los donantes. El CICR está convencido de que la acción humanitaria de la que, frecuentemente, depende la suerte de miles de personas requiere una correcta estimación y planificación, así como una gestión profesional y una evaluación continua. Las organizaciones humanitarias que prestan servicios en actividades de urgencia tienen que aceptar su interdependencia. Una actitud inadecuada o la falta de profesionalismo por parte de algunos puede afectar de forma negativa a los esfuerzos desplegados por otros. Es más, puede conllevar un peligroso debilitamiento de las normas relativas a la asistencia humanitaria. En ese sentido, haremos brevemente referencia a la cuestión de la seguridad de los colaboradores humanitarios. Los crecientes riesgos a los que las organizaciones humanitarias se han visto expuestas, los últimos años, se deben, no cabe duda, a la realidad cambiante en la estructura y la conducción de las hostilidades, pero se han agravado con la proliferación de organismos de asistencia cuyos objetivos y cuyos métodos de trabajo difieren. Con frecuencia, las partes contendientes consideran al mundo humanitario como un todo, sin hacer la distinción entre las diferentes organizaciones; dicho con otras palabras, si un organismo les ofende, todos se pueden ver afectados por las consecuencias. Así pues, la seguridad de todas las organizaciones depende de la seguridad de cada una de ellas. El CICR opina que una coordinación correcta y la observancia de principios fundamentales comunes pueden contribuir a mejorar la seguridad del personal humanitario. Llegados a este punto, desearíamos hacer hincapié en la importancia de los códigos de conducta y de los términos de referencia que tienen por objeto regular la forma de llevar a cabo las operaciones humanitarias, determinar las condiciones inherentes a la distribución de socorros y establecer unas normas humanitarias mínimas que se han de aplicar universalmente. En 1993, el Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja aprobó un código de conducta que, desde entonces, ha sido ratificado por más de 100 organizaciones no gubernamentales y que obtuvo una acogida por consenso por los representantes de 142 Gobiernos en la última Conferencia Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja de diciembre de 1995. En dicho código se intenta establecer normas profesionales y prácticas a un nivel universal en operaciones de urgencia y abordar las cuestiones de ética y de responsabilidad.
Señor Presidente: Tras haber expuesto estas observaciones de tipo general sobre la coordinación humanitaria, el CICR desearía reiterar su pleno compromiso en cuanto a participar en los esfuerzos de coordinación de las Naciones Unidas. Reconoce la necesidad de potenciar los adecuados mecanismos de coordinación dirigidos por la ONU, como es el Comité Permanente entre Organismos. Motiva su participación en esos mecanismos, por una parte, su preocupación por lograr la máxima complementariedad posible entre sus propios esfuerzos y los de la ONU y los de organizaciones humanitarias y, por otra, la condiciona el firme propósito de desempeñar su especial cometido como intermediario independiente y neutral en situaciones de conflicto armado, refrendado en los Convenios de Ginebra. Además de su contribución a la labor de los mecanismos de coordinación de la ONU, el CICR ha proseguido un diálogo bilateral con los organismos y órganos de la ONU, incluidos ACNUR, PMA, UNICEF, OMS, FAO y la Oficina del Alto Comisionado de Derechos Humanos, así como con algunas de las principales organizaciones no gubernamentales que actúan en situaciones de urgencia o en defensa de los valores humanitarios. La finalidad de este enfoque bilateral es mejorar la comprensión mutua y fortalecer la coordinación y la colaboración en determinados ámbitos. Hace muchos años que el CICR desempeña una función primordial en la coordinación de las actividades humanitarias sobre el terreno. Lo hizo, por ejemplo, en Camboya, a comienzos de la década de los ochenta, en colaboración con el UNICEF; en Somalia, a comienzos de la década de los noventa y, últimamente, en Chechenia (Federación de Rusia), hasta que el brutal asesinato de seis miembros de su personal expatriado, en su mayoría personal médico de Sociedades Nacionales de la Cruz Roja le obligara a retirarse, el mes de diciembre del año pasado. Actualmente, el CICR cumple una función primordial en zonas de conflicto, como son Afganistán y Sierra Leona, y en el ámbito de la protección y de los socorros de urgencia destinados a las personas desplazadas en el interior de Colombia y Sri Lanka. El CICR está dispuesto a asumir la responsabilidad de la coordinación sobre el terreno, sobre una base pragmática y voluntaria y sin perjuicio de su cometido específico, particularmente en lugares donde, de hecho, es la principal organización humanitaria in situ. Recordemos que el CICR coordina las actividades de socorros de Sociedades Nacionales de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja y de su Federación en situaciones de conflicto; está hecho en virtud de los Estatutos del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja y en virtud de acuerdos propios al Movimiento. En todas las operaciones que coordina, intenta constantemente llegar a las víctimas del conflicto de ambas partes, con el consentimiento de las partes contendientes. Asimismo, desearíamos hacer resaltar que, en algunos países, como son Somalia, la República Democrática del Congo y Afganistán, las Sociedades Nacionales de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja desempeñan un inestimable cometido, especialmente en cuanto a la potenciación de los mecanismos locales para hacer frente a las situaciones. Además, en un período de transición como el que vivimos hoy en ex Yugoslavia, el CICR, en el marco de sus objetivos operacionales, ha contado cada vez más con Sociedades Nacionales de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja extranjeras, que han demostrado un interés por los proyectos de rehabilitación y que están capacitadas para dirigirlos.
Razones fundamentales para mejorar las consultas y la cooperación entre las organizaciones humanitarias y los órganos políticos Señor Presidente: A la vez que reconoce la necesidad de fortalecer la coordinación entre los distintos organismos de asistencia, el CICR considera que es esencial seguir mejorando las consultas y la cooperación entre las organizaciones humanitarias y los órganos políticos. Dicha interacción debería permitir una mejor repartición de las tareas y responsabilidades entre las organizaciones humanitarias que trabajan para aliviar los sufrimientos humanos y las entidades políticas cuyo deber principal es ocuparse de las causas primordiales del conflicto y restablecer las necesarias condiciones para la paz y la estabilidad. El CICR opina que es alentador ver que, durante los últimos años, se ha dado una mayor importancia a las cuestiones humanitarias en los órdenes del día de órganos políticos como son el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, la Organización de la Unidad Africana (OUA), la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) y el Movimiento de los No Alineados (MNA). Este hecho queda claramente reflejado en la creciente apertura de estos órganos y en su interés por la interacción directa con las organizaciones humanitarias. Asimismo, cabe mencionar la valiosa contribución del Grupo de Trabajo de Enlace para las Actividades Humanitarias, en Ginebra y Nueva York, así como las reuniones tripartitas organizadas por la OSCE para fomentar el diálogo y el intercambio de opiniones. A pesar del constructivo diálogo entablado en muchos foros donde se reúnen organismos humanitarios y políticos, el CICR advierte con creciente preocupación que hay una tendencia, particularmente en África central, a recurrir a la actividades humanitarias como sustituto de la acción política y militar. Pero seamos claros a ese respecto: cuando la violencia, como expresión de una política deliberada, alcanza un grado tal que está en juego la supervivencia de poblaciones enteras, la respuesta a la crisis no puede seguir definiéndose únicamente en términos de acción humanitaria. Las matanzas y los genocidios, que son ante todo crímenes políticos, sólo pueden combatirse de forma eficaz mediante la acción política y, de ser necesario, militar. Así pues, el CICR no puede hacer otra cosa sino esperar que, en determinados lugares del mundo, los Estados y las Naciones Unidas no se focalizen en la acción humanitaria, descuidando la necesidad de elaborar respuestas políticas para el conflicto. Está convencido de que la acción humanitaria debería servir de complemento, y no de sustituto, para las operaciones políticas y, llegado el caso, para el mantenimiento o el fortalecimiento de a paz. Por el contrario, si prestar asistencia humanitaria se convierte en - o es sinónimo de - dependiente de la conducta de las partes contendientes, o si va totalmente unida a objetivos políticos, provocará situaciones en las qué algunas víctimas "merecerán" protección y asistencia más que otras. Para el CICR esto sería, qué duda cabe, inaceptable y pondría en tela de juicio la esencia misma de su enfoque humanitario. Dicho sea de paso, si la asistencia humanitaria se emplea para fomentar objetivos de política exterior, puede convertirse en uno de los factores que contribuyen a incrementar la mencionada vulnerabilidad de los colaboradores humanitarios. Sabemos que la seguridad del personal humanitario depende, al menos hasta cierto punto, del concepto que los combatientes tengan de la acción humanitaria. En términos prácticos, si combatientes consideran a una organización humanitaria como un factor prestándos a influir en el curso del conflicto o si piensan que dicha organización simboliza aquello que est n combatiendo, puede ser que intenten perjudicarla de alguna forma; su personal puede convertirse en un potencial objetivo "favorable".
Futuros desafíos Señor Presidente: El CICR está convencido de que los organismos humanitarios y los dirigentes políticos deberían entablar, más aunque en tiempos pasados, un profundo y periódico diálogo. En consecuencia, presta cada vez mayor atención a su interacción con los organismos zonales y políticos a escala mundial, y reconoce la necesidad de ser proactivo en cuestiones relativas a diplomacia humanitaria. Dicho esto, nos gustaría mencionar que el CICR convocó un Foro Humanitario en Wolfsberg, Suiza, a comienzos de este año, con miras a debatir los crecientes desafíos en materia humanitaria. Asistieron al Foro unos 70 representantes de alto nivel de Gobiernos donantes y de organizaciones humanitarias. Era el seguimiento de la Cumbre Humanitaria organizada, en Madrid, el mes de diciembre de 1995, por la Oficina Humanitaria de la Comunidad Europea (ECHO). El CICR tiene la intención de proseguir ese diálogo y convocará otro Foro Humanitario para el año próximo. Acá, el CICR quisiera mencionar el simposio sobre la acción humanitaria y operaciones de mantenimiento de la paz organizado por UNITAR en Singapur en el mes de febrero. Asimismo, el CICR ha aceptado la invitación del Gobierno belga para preparar el contenido de un simposio internacional sobre la relación entre la acción humanitaria y la acción político-militar, cuya celebración está prevista para el mes de febrero de 1998 en Bruselas. Otro importante acontecimiento será la primera reunión periódica sobre derecho internacional humanitario que el Gobierno suizo, como depositario de los Convenios de Ginebra, ha convocado, para los días 19 a 23 de enero de 1998, en Ginebra. En dicha reunión se tratará fundamentalmente el tema de los conflictos armados originados por la desintegración de las estructuras del Estado y la cuestión del respeto y de la protección del personal humanitario.
Señor Presidente: Los futuros desafíos residen en la capacidad y la voluntad de la comunidad internacional para encontrar soluciones de gran alcance por lo que respecta a los problemas de índole humanitaria. Dichas soluciones han de incorporar los elementos políticos, económicos y sociales sin los que la asistencia humanitaria no puede lograr nada duradero. Lo que pretendemos lograr no es sólo una mejor coordinación entre las organizaciones humanitarias, sino un marco claramente definido y los términos de una cooperación eficaz entre actividades humanitarias y políticas. Muchas gracias, Señor Presidente. Ref : LG 1997-128-SPA |