| 31-03-1997 Revista Internacional de la Cruz Roja No 140, pp. 159-162 por Frank SchmidtRecomendaciones para reforzar la seguridad del personal humanitario 
La reunión de jefes de delegación y de delegados zonales del CICR, que tuvo lugar del 19 al 22 de enero de 1997, en Glion, fue un acontecimiento para la Institución. Permitió centrar la atención de los dirigentes de las actividades operacionales en las cuestiones de seguridad relativas a las situaciones en que se realiza la acción humanitaria. Las recientes tragedias que han afectado al CICR (asesinato de diez colaboradores en Burundi, Chechenia y Camboya), así como el asesinato, en Ruanda, de tres colaboradores de Médicos del Mundo y de cuatro de la ONU, pusieron de relieve la imperiosa necesidad de reexaminar las medidas de seguridad y las modalidades de intervención, en el ámbito humanitario, en favor de las víctimas de conflictos.
Los participantes en la reunión afirmaron, unánimes, que el CICR debe continuar desempeñando su cometido de protección y de asistencia en favor de las víctimas de conflictos. Pero también reconocieron que, en algunas partes del mundo, se habían alcanzado o incluso traspasado límites por lo que atañe a las condiciones de seguridad en las que se realiza esta acción. En un primer tiempo, abordaron los principales factores externos que ponen en juego la seguridad tanto de la acción humanitaria, en general, como del CICR, en particular. Entre otros:
- la emergencia de nuevos actores y grupos armados y la dificultad de apreciar la complejidad de las situaciones de conflictos destructurados;
- el hecho de que, a veces, se identifique la acción humanitaria con valores occidentales o con una ideología, y de que, cada vez más, los beligerantes la manipulan (desplazamientos de población civil), la combaten (conflictos de “identidad”) o simplemente la ignoran;
- el incremento de la criminalidad y del bandidaje, a veces instigados por los bienes materiales de que disponen los organismos humanitarios;
- la competición entre actores humanitarios, que opaca la imagen de la ayuda humanitaria; las intervenciones de las fuerzas para el mantenimiento de la paz; el doble programa, político y humanitario, de los Estados que financian la asistencia; la exagerada mediatización que conduce a la trivialización y a la confusión de las especificidades, así como a que se pongan en tela de juicio la independencia y la neutralidad de la acción;
- el hecho de que el emblema de la cruz roja sea considerado un símbolo occidental y cristiano; el CICR puede encontrarse en el punto de mira tanto por el valor simbólico de este emblema, como por su presencia y su acción;
- la confusión de los cometidos y la variedad de comportamientos de los diferentes componentes del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja son también factores de riesgo.
A nivel interno, se hizo, asimismo, un diagnóstico riguroso. Los participantes debatieron diferentes cuestiones como: coherencia del mensaje del CICR y de la imagen que éste proyecta, gestión de los recursos humanos, capacidades requeridas para comprender las situaciones y prever los acontecimientos, formación de los colaboradores, adecuación de los medios de que se dispone a los objetivos que hay que alcanzar y aplicación de medidas de seguridad.
Al final de la reunión de Glion, se formularon algunas recomendaciones por lo que atañe tanto al desarrollo de medidas concretas y técnicas de seguridad como a la adaptación a los nuevos contextos de los métodos de intervención del CICR en el ámbito operacional. Algunas recomendaciones podrán aplicarse muy rápidamente y otras requerirán más reflexión y detenidas consultas en los próximos meses. Pueden clasificarse de la siguiente manera:
Política en el ámbito operacional
- El CICR deberá desarrollar su capacidad de intervención recurriendo a relevos locales, mejorando los métodos de trabajo y diversificando las redes de contacto, a fin de que la acción humanitaria tenga mayor aceptabilidad.
- Las delegaciones operacionales deberán reforzar imperativamente su capacidad de análisis político, social y económico, a fin de determinar criterios de intervención humanitaria adaptados a los nuevos tipos de conflicto armado. Será necesario mejorar y perfeccionar la evaluación de las necesidades y hacer, sistemáticamente, estudios de impacto.
- Será necesario promover una mayor concertación entre los actores humanitarios para luchar contra los nefastos efectos de la competición en este ámbito, preservando, al mismo tiempo, la especificidad de la misión del CICR.
- Habrá que dilucidar los respectivos cometidos de los diferentes componentes del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, a fin de reafirmar la competencia del CICR para actuar en favor de todas las víctimas de la guerra.
Medidas prácticas de seguridad
- Tras incidentes de seguridad, el CICR deberá adoptar una posición firme y exigir aclaraciones, tanto a nivel interno como externo. Cuando sus delegados sean víctimas de actos criminales, el CICR deberá rechazar la impunidad y recurrir a los tribunales competentes.
- En las situaciones en que el CICR esté en el punto de mira, los jefes de delegación tendrán la competencia para decidir, según la evaluación que hagan de los eventuales riesgos, si se puede continuar una acción, si es necesario suspenderla o, incluso, si hay que renunciar a efectuar determinados desplazamientos.
- Si es indispensable, especialmente para protegerse contra los efectos de la criminalidad, las delegaciones podrán recurrir a guardias armados para proteger al personal en los lugares de trabajo y de residencia, utilizando, prioritariamente, los servicios de una empresa oficial de seguridad local. En cambio, no recurrirán a escoltas armados para proteger las actividades humanitarias que realicen.
- Deberá impartirse formación a delegados especializados en las cuestiones de seguridad y éstos serán puestos a disposición, temporal o permanentemente, de las delegaciones que necesiten de sus servicios.
- Deberá reforzarse la unidad seguridad/gestión del estrés de la sede del CICR para garantizar un mejor apoyo a los dirigentes de la sede y sobre el terreno y mejorar el intercambio de información entre las delegaciones y Ginebra.
Recursos humanos
- Deberá desarrollarse un enfoque multicultural por lo que respecta al reclutamiento, a la formación y a la destinación del personal terreno.
- Deberán reforzarse las competencias de los empleados locales de las delegaciones, así como las de los colaboradores de las Sociedades Nacionales con las que coopera el CICR.
- Será necesario mejorar la formación y la integración de los delegados y del personal local mediante cursos de integración y sesiones de trabajo, creación de centros zonales de formación, formación en el puesto de trabajo sobre el terreno, mejor gestión de los contratos y de las destinaciones, así como valorización de las funciones de coordinador-terreno y de jefe de subdelegación.
- Deberá descargarse a los jefes de delegaciones operacionales de las labores administrativas de rutina, a fin de aumentar su disponibilidad y su capacidad de escucha y análisis. Convendría redefinir y reasignar las tareas de dirección de una delegación.
Imagen y comunicación
- Las delegaciones deberán tener la libertad de utilizar el logo del CICR con flexibilidad y según las circunstancias (aceptabilidad de la Institución y condiciones de seguridad).
- Deberá continuar el actual estudio sobre la definición de un nuevo emblema, reconocido como universalmente neutral.
- El CICR deberá determinar mensajes y definir una política de comunicación que no sean vistos como moralizadores.
En las semanas que siguieron a la reunión de Glion, la Dirección de Actividades Operacionales y el Consejo Ejecutivo del CICR se esforzaron por aplicar algunas de estas recomendaciones, especialmente por lo que atañe al refuerzo de los dispositivos y a las medidas concretas de seguridad. A mediados de marzo, tuvo lugar una consulta con las principales Sociedades Nacionales participantes y la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, que se centró, esencialmente, en las cuestiones de seguridad. Se prepara una más amplia movilización de los principales organismos humanitarios y de la comunidad de Estados. Otras recomendaciones serán aún objeto de reflexiones y debates en diferentes foros del Movimiento, así como en un importante ejercicio interno de prospectiva que se lleva a cabo en el CICR. Actualmente, es posible sacar ya la siguiente conclusión: las tragedias de 1996 y la consiguiente reunión de Glion han iniciado un proceso que afectará profundamente la índole y el “modus operandi” del CICR en el siglo XXI.
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Frank Schmidt, Departamento de Actividades Operacionales del CICR.
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