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7-11-2007  Reportaje  
Afganistán: la mujer al frente del hospital de Mirwais
Sharifa Seddiqi es una mujer poco usual. No sólo es la única cirujana en la provincia de Kandahar, en el sur del país, sino que también dirige el hospital de Mirwais, el principal de esa región.

©ICRC/ M. Kokic /af-e-00773
Un herido de bala se recupera en la unidad de cuidados intensivos.

Este no es un trabajo para personas sin coraje. El hospital de Mirwais, en Kandahar, atiende a una población de tres millones de personas, en lo que queda de una de las zonas más violentas e inseguras de Afganistán. En esa provincia, las mujeres continúan viviendo según las normas de una sociedad absolutamente tradicional.

"Por supuesto, en Afganistán las mujeres afrontamos muchos desafíos, sobre todo para llegar a ser profesionales", dice la doctora Seddiqi, de 38 años, vestida con una amplia túnica negra y un gran chal blanco que le cubre la cabeza. "Pero yo he sido afortunada, porque mi familia siempre me ha apoyado. Estoy orgullosa de tener ahora este importante trabajo".

El simple hecho de llegar al trabajo cada mañana puede ser un desafío. "Con todos los atentados suicida y las explosiones, a veces tengo miedo de morir, de que voy a estar en el lugar equivocado en el momento equivocado", dice la doctora. "Pero no puedo quedarme prisionera en mi propia casa por eso."

Como directora del hospital, la doctora Seddiqi trabaja junto con el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), que ha prestado apoyo al hospital de Mirwais durante los últimos once años. Después de haber rehabilitado el departamento de cirugía, el CICR amplió el apoyo a todo el hospital, que tiene una capacidad de 380 camas. Recientemente, firmó un acuerdo de cinco años con el Ministerio de Salud Pública para efectuar una serie de reformas.

"Estamos tratando de mejorar juntos la calidad de los servicios del hospital, para alcanzar el nivel acordado nacionalmente y asegurarnos de que se cuente con el equipamiento y las competencias necesarios para responder a las necesidades de los pacientes en el futuro", dice la doctora Seddiqi. "Hemos logrado mucho, pero como verán, todavía queda mucho por hacer."

Cada mañana, después de participar en una serie de reuniones y de tratar asuntos administrativos, la doctora continúa con una recorrida por la guardia.

La doctora se cruza con un grupo de mujeres envueltas en la tradicional burka que esperan ansiosamente fuera del quirófano y luego se reúne con cuatro policías armados que cuidan a un colega herido. Les pide que dejen las armas afuera. Se niegan. "Este es un problema", dice la doctora. "Los hombres armados de los grupos que están enfrentándose entran y salen del hospital y ponen nerviosa a la gente. Pero estamos construyendo una nueva cerca de seguridad que ayudará a desmilitarizar el lugar."

En la unidad de terapia intensiva para hombres, la doctora controla los nuevos ingresos. Hay dos hombres con heridas de bala, atrapados en un robo, y un niño de seis años con marcas de una explosión en la cara y el pecho, y graves heridas en las manos y los pies, por haber recogido un artefacto explosivo que encontró en el patio de su casa. "La mayoría de los pacientes que necesitan cirugía son víctimas de accidentes de tránsito, pero también atendemos a muchos heridos de guerra, tanto militares como civiles, incluidos heridos por minas antipersonal."

En la unidad de terapia intensiva para mujeres, hay muchas pacientes por quemaduras. Una adolescente con las piernas vendadas es llevada en silla de ruedas al cuarto de baño, que está en muy malas condiciones, para bañarla. "Lamentablemente, todavía vemos a muchas mujeres jóvenes que, por la pesada carga que tienen, intentan suicidarse prendiéndose fuego", dice la doctora Seddiqi. "En algunos casos, el marido es el que las quema a modo de castigo, pero en general es un medio que la mujer utiliza para escapar de su situación."

©ICRC/ M. Kokic /af-e-00774
Ella Scott (enfermera del CICR) controla el estado de un bebé.

Abriéndose paso entre los muchos pacientes de la guardia de pediatría, la doctora se detiene para hablar con la madre de una niña de dieciocho meses desnutrida. La niña es sostenida por su hermana, de diez años, que se queda en el hospital para cuidarla cuando la madre se va. La mujer tiene seis hijos y está embarazada.

"El problema es que muchas de estas personas no han recibido educación, son pobres y han tenido que desplazarse por el conflicto", dice la doctora Seddiqi. "En general, las madres no amamantan a sus hijos el tiempo suficiente y sólo les dan azúcar y agua a los bebés. Los que nacen en la casa no son vacunados. Muchas veces, cuando se enferman, no los llevan al hospital debido a la inseguridad."

En el departamento de obstetricia, la doctora se reúne con la obstetra del CICR, que está asistiendo un parto y, con calma, da instrucciones a la multitud de parteras, enfermeras y parientes que rodean la cama.

La situación es crítica: la madre, de dieciocho años, tiene convulsiones y está semicomatosa. Tiene la presión sanguínea alta, y una cesárea en ese momento sin duda sería fatal para ella. Finalmente encuentran una máquina de oxígeno, pero no funciona.

Despejando las moscas entre el calor y el olor nauseabundo, la obstetra finalmente logra sacar el bebé. Es una niña. Rápidamente la lleva a la sala de recién nacidos. Con una partera, limpia la nariz y la boca de la bebé y utiliza un dispositivo manual para bombear oxígeno. No hay respiradores. Sus esfuerzos no dan resultado: después de varios minutos, los latidos de la bebé desaparecen completamente, y el cuerpo sin vida es envuelto en una manta y entregado a la abuela.

"En este caso, la madre por lo menos se recuperará", dice la obstetra. "Y el hecho de que el bebé fuera una niña hará que todo sea menos trágico para la familia. Ahora esperarán que la madre tenga otro niño muy pronto."

El índice de mortalidad infantil y de niños menores de cinco años de Afganistán es uno de los más altos del mundo; un promedio de 1.000 niños mueren por día, según UNICEF. Esto se debe, en parte, a que se calcula que un 90% de las campesinas tienen los bebés en la casa, sin atención médica.

Para quienes logran llegar a la edad adulta, el promedio de esperanza de vida es de sólo 42 años, según la Organización Mundial de la Salud. La diarrea, las infecciones respiratorias, la malaria y la desnutrición son las principales causas de muerte. Afganistán es uno de los pocos países en el mundo donde la poliomielitis sigue siendo endémica.

©ICRC/ M. Kokic /af-e-00772
Sharifa Seddiqi (Directora del Hospital Mirwais) y Bronwen Markham (Asesora Administrativa del hospital) trabajan para mejorar la atención de los pacientes.

"Con el apoyo y la financiación del CICR a largo plazo, se ha logrado mucho, hemos mejorado la higiene y las prácticas clínicas, hemos rehabilitado el sistema de abastecimiento de agua y se ha dado capacitación al personal. Sin embargo, las expectativas a veces son demasiado altas", dice la doctora Siddiqi. "La gente espera cambiar rápido, sin entender el concepto de construcción de capacidades para lograr resultados duraderos. ¿Para qué tener un equipamiento moderno si no podemos mantenerlo? Deberíamos esforzarnos para lograr una calidad realista en el contexto afgano, no un contexto occidental, y recordar que hemos empezado de cero, con un Estado totalmente colapsado."

"Por supuesto, todavía queda mucho por hacer", dice la doctora. Una de nuestras prioridades para el próximo año es armar un sistema de recolección de datos confiable, que nos hace mucha falta; mejorar y ampliar los servicios de ginecología y pediatría; seguir rehabilitando la infraestructura del hospital; y, lo que no es menos importante, refaccionar la morgue."

De vuelta en su oficina, la doctora Seddiqi es asediada por empleados y visitantes que requieren su atención y le piden soluciones inmediatas a una multitud de problemas. La doctora delega tareas con tranquilidad, luego cierra la puerta y se sirve un té.

"Me gusta mi trabajo, a pesar del estrés", sonríe. ¿Su mayor deseo para el futuro? "Tener un hijo. Pero no abandonaría mi trabajo. Todavía hay mucho que hacer."


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7-11-2007