El desplazamiento de personas en el interior de su propio país debido a un conflicto o a una catástrofe natural preocupa cada vez más en todo el mundo. Esa preocupación está más que justificada, ya que las personas internamente desplazadas sufren dificultades extremas que ponen en peligro su mera supervivencia. En situaciones de conflicto, el CICR continuamente insta a las autoridades nacionales y a todos los que participan en las hostilidades a que hagan todo lo posible para evitar los desplazamientos.
Numerosos peligros amenazan a las personas desplazadas, mientras huyen, durante el desplazamiento, o incluso cuando vuelven a su hogar o se reasientan en otro lugar. El índice de muertes entre las personas desplazadas –sobre todo entre los niños, los ancianos y las mujeres embarazadas– suele alcanzar niveles alarmantes, y las dificultades que sufren los que se quedan y las comunidades anfitrionas agravan el problema.
El hecho de que las personas civiles huyan de una zona en conflicto es un indicador de que las partes beligerantes son indiferentes a los derechos que la población civil tiene en virtud del derecho internacional humanitario (DIH) o, lo que es peor, hacen de ella el blanco de sus ataques. El DIH prohíbe expresamente a las partes en conflicto forzar a los civiles a abandonar su hogar. Otorga a las personas desplazadas la misma protección contra los efectos de las hostilidades y la misma asistencia que al resto de la población civil. En realidad, respetar los derechos de los civiles atrapados en un conflicto armado y otras situaciones de violencia es la mejor prevención contra los desplazamientos.